Gerardo Sixtos López
El siglo XXI se caracteriza fundamentalmente por un choque epistemológico, del mismo que alcance que vivió la transición del mundo medieval al mundo moderno; Sin duda que, cada vez más, estamos ante la alborada de una nueva forma de conocimiento épocal.
Esta distinción, no tendría sentido si, nuestras formas tradicionales de conocimiento nos sirvieran para resolver de manera pertinente los problemas de la vida cotidiana, desafortunadamente podemos afirmar su rotundo fracaso. Nunca como ahora nuestro mundo ha sido invadido por la violencia, la degradación y la ignorancia; estamos rodeados por analfabetos funcionales al cargo de la ciencia, la política, la educación, los negocios y cuantos territorios queramos suponer.
Actualmente se reconoce que el conocimiento es una función biológica. El ser humano es una especie cognitiva, (POZO, 2006), esto es, que es una especie que genera soluciones adaptativas en forma de conocimiento De ahí que la producción teórica de Edgar Morín en torno al pensamiento complejo adquiera, hoy en día, un relevancia trascendental porque en si misma nos plantea una forma diferente de comprensión de la realidad y su naturaleza al grado tal de radicalizar y trastocar la tradición moderna.
Morín nos propone un pensar complejo físico-bioantropológico desde una perspectiva científico-filosófico-literaria. (Morin.1990) que permita una praxis ética en el campo tanto del conocimiento académico como de la praxis social. (Pakman,2006). Se trata, en suma de un pensamiento negociante, es decir, dialógico.
Es urgente incorporar estas nuevas funciones, operaciones y estrategias derivadas del pensamiento complejo a la resolución de problemas contemporáneos a favor de una forma más pertinente de un pensar planetario, multidisciplinario y holístico que supere la tradicional disyunción entre teoría y práctica, como si estas fueran entidades desconectadas entre sí, de no hacerlo seguiremos de fracaso en fracaso.
