Luis Girarte Martínez

 

Mi calle esta sitiada de lutos y temores.

Te presiento, vigilante del cielo y de la tierra.

Tu resuello denuncia que estas vivo, de pie,

y acechándome

desde la almena de la incertidumbre.

¿Quién le ha fijado el tiempo a la jornada?

¿Alguien podrá prestarme el calendario

de tus días de asueto?

Quien te dio este trabajo ¿no te dijo

que ya no tengo el vicio de gastar la distancia?

Escucha lo que dice la luz,

no vaya a ser que te dejen plantado como un árbol

en la orilla de un pueblo.

Desde los cuatro rumbos me llegan los rumores

de que la muerte viene signando compromisos.

 

A la cruz de tu barrio

le han quitado el madero.

Los dedos de la luna, con sus filos de lumbre,

cortan sombras y sueños.

Mientras que yo,

ignorante de lo que pasa afuera,

apago los latidos, petrifico los labios,

me encomiendo a la virgen del silencio,

me santiguo al destino,

cierro la puerta

y duermo.

 

 

Deja un comentario