Piénsalo tres veces

Amor con aroma de mujer

Francisco Javier Rauda Larios


“El amor es el significado último de todo lo que nos rodea. No es un simple sentimiento, es la verdad, es la alegría que está en el origen de toda creación.”

– Rabindranath Tagore.

En cada rincón del mundo donde florece la vida, hay una mujer sembrando amor. Y no cualquier amor, sino ese que lleva consigo el aroma de la ternura, la fuerza de la esperanza y la audacia de la compasión. Ese amor que no se conforma con resistir, sino que transforma; que no se limita a acompañar, sino que impulsa; que no exige ser visto, pero siempre deja huella. Ese es el amor con aroma de mujer.

El Día Internacional de la Mujer no es solo una fecha para reconocer luchas históricas o para exigir justicia y equidad, aunque ambas razones bastarían. También es un momento para celebrar lo que las mujeres regalan al mundo desde su esencia: un amor profundo, paciente, poderoso. Un amor que educa sin imponer, que guía sin dominar, que levanta sin señalar. Un amor que es puente, refugio, semilla y fuego.

En el rostro de una madre que vela por sus hijos sin dormir, en la voz de una maestra que siembra saberes y sueños, en las manos de una enfermera que acarician mientras curan, o en el corazón de una líder que transforma comunidades con empatía y firmeza, late ese amor que solo una mujer sabe dar. No se trata de idealizarlas ni encasillarlas. Se trata de reconocer que, en medio de las mil tareas que la sociedad les ha impuesto, las mujeres han cultivado un tipo de amor que es resistencia y revolución.

Porque el amor femenino no es débil, ni sumiso, ni ingenuo. Es sabio, estratégico, resiliente. Las mujeres han aprendido a amar en medio de la adversidad, a cuidar mientras son descuidadas, a dar sin dejar de luchar por lo que merecen. Han hecho del amor un acto político, una herramienta de cambio, una bandera que no ondea por romanticismo, sino por convicción.

Y es ese amor el que puede sanar un mundo herido por la violencia, la desigualdad, el egoísmo. Un mundo que necesita más voces que escuchen, más manos que abracen, más corazones que comprendan. Un mundo que, si supiera amar como aman las mujeres, sería un lugar más justo, más humano, más habitable.

En tiempos donde parece que el odio grita más fuerte, el amor con aroma de mujer susurra verdades que perduran. Nos recuerda que hay otra forma de construir relaciones, de liderar, de convivir, de transformar. Y no se trata de cargar a las mujeres con la responsabilidad de salvar al mundo. Se trata de abrir los ojos y aprender de ellas, de darles el lugar y la voz que merecen, de acompañarlas en la tarea colectiva de hacer del amor una herramienta social.

Hoy, en este día que las celebra y las honra, reconozcamos que el amor con aroma de mujer no es un suspiro; es un grito silencioso que ha movido montañas. Es un perfume que no se olvida. Es una fuerza que, si la dejamos fluir libremente, puede rehacer lo que parecía irremediablemente roto.

Que cada persona que lea estas palabras, lleve consigo este mensaje: cuando una mujer ama, el mundo se ilumina. Y cuando el mundo ama como una mujer, entonces sí, hay esperanza.

“El amor es la gran cura milagrosa.”

  • Louise L. Hay.
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