Como en botica

Anfigoria de Edward Gorey

Estefania Riveros Figueroa

 

El vocablo anfigoria (proveniente del francés amphigouri) me parece de lo más encantador. Edward Gorey, el artista estadounidense que conoceremos hoy, también gustaba de este concepto. Me gusta cómo suena y lo que esconde. Esta palabra combina magistralmente el prefijo amphi, que los griegos tuvieron a bien emplear para designar todo aquello que va en dos sentidos, por ambos lados, alrededor, doble. Para los romanos, el amphi se convierte en bi. Ahí tenemos por ejemplo la palabra bicolor: dos colores.

Anfigoria tiene el prefijo griego amphi y la terminación goria. La anfigoria se refiere a una palabra inventada que intenta sonar inteligente. Es como una burla refinada. Su uso es muy simple y consiste en lo siguiente: cuando alguien desea escribir y sonar culto, sin realmente serlo, hecha mano de anfigorias.

Las anfigorias son construcciones de palabras que suenan elegantes o domingueras, pero que realmente son inventos. Es una distorsión del lenguaje cuyo objetivo es ridiculizar, imitar los “modos” complicados de hablar, de escribir, de expresarse en general. Cuando alguien usa anfigorias, persigue el cómico e ingenioso propósito de satirizar el lenguaje.

Las anfigorias permiten burlarse de términos científicos o posturas filosóficas, disfrazándolas de frases ininteligibles y que, por lo mismo, resultan chuscas. Una anfigoria puede destantear (y ese es su propósito) hasta al lector más avezado. Se trata de que la gente crea en ella al escucharla, como si estuviera aprendiendo una palabra de peso, muy culta, en extremo profunda, complicada… Pero realmente es una fantasía.

Hay otro concepto que es similar a la anfigoria y éste es: galimatías. El galimatías no inventa palabras absurdas para hacerlas sonar sofisticadas, pero es igual de confuso. Un galimatías puede ser un texto, una carta, un discurso (y si es político, mucho mejor), que mueva a la confusión. Un galimatías es algo oscuro, porque es difícil de entender. La dificultad que supone su comprensión se puede basar en dos pilares fundamentales: usar una sintaxis desorganizada y desordenar las ideas para que las mismas se tornen incomprensibles. Los galimatías son fuente de ambigüedad, mientras que las anfigorias son invenciones absurdas que hacen mofa del habla culta.

Es posible comprender una anfigoria porque uno percibe que se trata de un chiste muy adornado. Por otro lado, es imposible comprender un galimatías. Hoy hablaremos del artista Edward Gorey (1925-2000), que en sí mismo, fue casi un anfigoria. De él, se sabe muy poco. Sus temáticas eran demasiado extrañas para los editores comunes. A Gorey le interesaba únicamente estar rodeado de libros, así como coleccionar varias ediciones de una misma obra. Le encantaban los abrigos de pieles, los gatos y llevar anillos en todos los dedos. Más allá de su colosal colección de 25,000 libros y múltiples ilustraciones, así como asiduas visitas al New York City Ballet de George Balanchine, no se saben más detalles sobre su vida privada…

Gorey se consideraba más escritor que ilustrador, no le interesaba la fama y al morir, la fortuna que amasó la donó a una sociedad protectora de animales, fundada por él mismo. Entre los animales que protege son: gatos, perros y murciélagos. Gorey cultivó también la escenografía, las marionetas, el grabado, la poesía y el teatro. Su participación en el musical de Broadway “Drácula de Edward Gorey” fue galardonado con el premio Tony en Mejor reposición y Mejor vestuario. Su extraña visión de lo infantil, la sociedad y sus ilustraciones que mezclan entre lo macabro, lo victoriano y lo eduardiano, demuestran que era una persona muy original. En el teatro y el mundo de los libros raros, es un ilustrador poco conocido, de culto.

Gorey era original e irrepetible, era un visionario que influyó muchísimo en la obra de Tim Burton, mismo que mucho bebió de Gorey para sus famosas producciones. Lo característico de Edward Gorey era que no mostraba lo desagradable de forma explícita, pero sí que disfrutaba de lo trágico, lo triste y lo oscuro, mediante el humor negro. En sus obras podemos ver influencias de Di Chirico (de quien ya hablamos en otra columna) y de Max Ernst. Lo curioso de Gorey es que admiraba a ilustradores tradicionales para libros de niños como Sir John Tenniel el más famoso ilustrador de Alicia en el País de las Maravillas y Alan Alexander Milne, nada más y nada menos que el creador de Winnie the Pooh. Ni qué decir sobre una de sus grandes referencias: el increíble Gustave Doré, cuyas ilustraciones de la Biblia dejan perplejo a quien las admira.

En el año de 1972, Edward Gorey usando su apellido, hizo un juego de palabras, aludiendo a la anfigoria y lo tituló como Amphigorey, una antología que contenía quince de sus primeras obras. Gorey era muy trabajador y publicó más antologías posteriormente, con el mismo juego de palabras: Amphigorey Too, Amphigorey Also y Amphigorey Again. Sus dibujos, aunque parecen destinadas a los niños, son para adultos. En la imagen puedes observar un ejemplo de sus viñetas.

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