Démonos la oportunidad de despedirse en vida
Dr. Alejandro Guzmán Mora
Me siento frente a ustedes como quien comparte un café y una verdad que no se puede postergar. Yo he leído, escuchado e interiorizado los estudios de Elisabeth Kübler-Ross. Ella no escribe desde un laboratorio. Ella se sienta al lado de quien se está yendo. Ella escucha. Ella registra. nos muestra, en presente, que la muerte es un portal, no un muro.
Y yo les digo esto con toda la fuerza de su enseñanza:
El portal de la muerte no es un asunto que se resuelve cuando ya está encima. Es una invitación permanente a despedirnos en vida.
Cada día que estoy con mis amigos, con mi familia, con las personas que amo, tengo la oportunidad real de despedirme. No de una forma trágica ni dramática. Sino de una forma limpia, consciente y amorosa. Les digo “te quiero” sin esperar a que sea demasiado tarde. Les abrazo con la certeza de que este abrazo puede ser el último. Les escucho de verdad. Les perdono. Les pido perdón. Les regalo tiempo de calidad. Les dejo ver que los veo.
Eso es lo que Kübler-Ross me enseña cada vez que regreso a sus páginas: que las cinco etapas (negación, ira, negociación, depresión y aceptación) no son solo para quien se está muriendo. Son un espejo para mí. Porque yo también estoy morando. Yo también camino hacia el portal.
Cuando entiendo esto, dejo de posponer la vida. Dejo de vivir como si el tiempo fuera infinito. Empiezo a estar presente. Empiezo a despedirme en vida.
Y al mismo tiempo, me preparo.
Me preparo no con miedo, sino con claridad. Entiendo que la vida es un regalo que se devuelve. Que el cuerpo es un vehículo temporal. Que el amor no se va cuando el corazón se detiene. Que del otro lado del portal hay un espacio de espíritus donde todo lo que se amó de verdad sigue existiendo de otra forma.
Por eso yo elijo hoy, aquí, en este presente, despedirme en vida con quienes amo. No porque quiera que se vayan. Sino porque quiero que, cuando llegue el momento de cruzar
el portal, ya sea el mío o el de ellos, lo hagamos con las cuentas claras, con el corazón liviano y con la certeza de que nos amamos mientras todavía podíamos tocarnos.
Esa es la gran lección que Kübler-Ross me regala todos los días:
La muerte no se prepara en el último minuto.
Se prepara en cada abrazo que doy, en cada palabra que no me guardo, en cada despedida que hago mientras todavía hay tiempo.
Yo elijo estar listo.
Yo elijo despedirme en vida.
Yo elijo entrar al portal de la muerte con la misma dignidad con la que he intentado vivir.
Y les invito a hacer lo mismo.
