El futbol desde la otra esquina

José Juan Marín

 

El futbol es mucho más que un balón rodando sobre el césped. Para millones de aficionados, es una experiencia intensa que altera la mente y el cuerpo de formas insospechadas.

De acuerdo con investigadores de la UNAM, sentarse frente al televisor o en la grada de un estadio desencadena una verdadera tormenta química.

«Nuestro cerebro tiene un ámbito racional, pero al ver deportes especialmente futbol afloran nuestras emociones sin censura. Si gritas, lloras, te enojas, nadie te va a criticar. Es un terreno permitido para que vivamos lo que sentimos con más intensidad. Incluso, hasta aquellos que no les gusta el futbol, se integran y surge esa emoción colectiva, porque se contagian de lo que están viviendo los demás «, apunta el Dr. Víctor Manuel Rodríguez Molina de la UNAM.

En estos momentos de euforia colectiva conviene reflexionar lo siguiente:

Uno. El ser humano posee un circuito de recompensa natural. Este sistema neurológico se alimenta de experiencias placenteras que deseamos seguir experimentando a lo largo de nuestra vida.

Dos. En el contexto del futbol, este circuito se nutre de forma explosiva cuando nuestro equipo anota un gol, remonta un marcador adverso o gana un campeonato importante.

Tres. Sin embargo, la moneda siempre tiene otra cara. Cuando el árbitro marca un penal en contra, hay una expulsión injusta o el equipo pierde, este circuito de recompensa decae de golpe.

Cuatro. Saber que «el futbol solo es un juego» es el primer paso fundamental para evitar que una victoria efímera o una derrota sufrida arruinen nuestra semana o afecten nuestras relaciones personales.

La próxima vez que te sientes a ver rodar el balón, recuerda que tu cerebro está jugando su propio partido en silencio. Mantén el control y disfruta del gran espectáculo que es el futbol.

Por cierto, ¿Y si sí?

 

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