Óleum: columnas sobre arte

El orfebre

Estefania Riveros Figueroa

Conocida por diversos títulos, la pintura de hoy rebosa color y detalles. Se titula Un orfebre en su taller, aunque históricamente también se conoce como San Eligio en su taller o El joyero y los prometidos. Es un óleo sobre tabla que data del año 1449 de la autoría del pintor flamenco Petrus Christus y actualmente la obra se exhibe en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York.

La pintura nos traslada a una escena costumbrista y emocionante. En la parte izquierda observamos que un joven novio pasa su brazo por detrás de la espalda de su prometida, en un clásico gesto de posesión. Ambos lucen atavíos ricamente ornamentados, lo cual nos comunica que se trata de una joven pareja burguesa. A su lado, un joyero pesa con una balanza la cantidad de oro que empleará para realizar su argolla matrimonial, en aquella época cuando solamente debía usarla la mujer.

Llama la atención que los novios lucen una sonrisa discreta pero evidente, con los ojos bajos atentos a los movimientos del orfebre. Este último no parece igual de contento que los enamorados y su expresión adusta y ojos redondos nos da a entender que está concentrado en la petición de sus clientes. Viste ropajes rojos encendidos que llaman la atención sobre esta porción del cuadro, atrayendo la mirada hacia los enseres propios de su gremio que están detrás de él.

Las repisas muestran perlas, cristales y una tira de cuentas redondas y pulidas sobresale, tal vez de cornalinas y ámbar polaco. Esto usualmente se resguarda de la mirada indiscreta tras una cortina de pesado terciopelo verde, pero dado que ha sido descorrida nos revela estos pormenores de la tienda del joyero y nos hace sentir parte de la compra del anillo. Tras el joyero hay también diversos frascos, seguramente con emulsiones y demás polvos necesarios para su oficio. Se exhiben otras tantas rocas talladas como prismas, destaca una que aparece un cuarzo casi transparente que refleja la luz de manera diáfana y muy bien lograda, así como una rama de coral marino rojo, cuando todavía no era una especie prohibida para su explotación. A su lado, sobre una cajita reposan cilindros rígidos que exhiben diversos anillos de oro con vistosos cabuchones engastados. Las cuentas colgantes me recuerdan personalmente a las tiendas de la actualidad donde se venden materiales para que el público (sobre todo el femenino) compre y diseñe sus propias joyas. La manera de exhibir las cuentas de un hilo colgante se percibe que es una práctica que ha sobrevivido cientos de años… Los novios lucen ricos ropajes donde el pintor se regodea para demostrar su poder de observación y técnica pictórica para recrear texturas y sombras.

Hay sobre el mostrador del orfebre un detalle más que nos indica inminente matrimonio y que es un cinturón nupcial que se extiende hacia el espectador. En la Edad Media y durante el Renacimiento, esta prenda se utilizaba para ceñir el cuerpo de la mujer prometida. Este acto simbolizaba su pureza y la protección de su castidad. Al casarse, el único que tenía derecho a desatar el nudo del cinturón era el esposo de la novia, completando así el significado de entrega y compromiso conyugal.

El cinturón en ese tiempo era el equivalente moderno del anillo de compromiso. El novio lo regalaba a su prometida y entre más ornamentado estuviese, mayor estatus visible demostraba hacia los demás. Podía ser decorado con hebillas y piedras preciosas, por lo que no sería raro intuir que el joyero de nuestro cuadro también recibirá la encomienda de decorar este cinturón.

La obra en conjunto es casi una crónica descriptiva de varios instrumentos y materiales que solían tener los talleres de joyería finos. En algún tiempo este orfebre mostraba una aureola y se creyó que retrataba al patrono de los joyeros: San Eligio, pero años más tarde se le retiró como parte de una restauración y se cree que realmente era un retrato de Willem van Vleuten en la ciudad de Brujas (Bélgica).

En el cuadro también se aprecia un espejo convexo situado en la esquina inferior derecha. En él, se refleja una escena que sucede al exterior del taller, lo cual da la impresión de que el espacio es mucho más grande de lo retratado y nos hace sentir parte de la escena total, donde los protagonistas no son una imagen estática sino un a composición basada en un evento real que se congeló en el tiempo.

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