Karla Estefanía Martínez Martínez
Especialista en Finanzas Personales
México enfrenta un desafío silencioso que cada año se vuelve más evidente: miles de personas avanzan hacia la vejez sin una pensión suficiente y, en muchos casos, sin ningún plan para su retiro. Lo más preocupante es que este fenómeno no distingue entre niveles de ingreso. En gran medida, es consecuencia de una deficiente educación financiera.
Durante décadas, el retiro ha sido visto como un asunto lejano, reservado para una etapa de la vida que parece no llegar nunca. Sin embargo, la realidad es distinta. Cada año que dejamos pasar sin planear nuestro futuro financiero representa una oportunidad perdida para construir tranquilidad, independencia y calidad de vida.
Desde mi experiencia profesional, he observado que una gran cantidad de trabajadores independientes, comerciantes, emprendedores y propietarios de negocios concentran todos sus esfuerzos en atender las necesidades del presente. Se enfocan en generar ingresos, hacer crecer sus proyectos y sostener a sus familias, pero pocas veces se detienen a reflexionar sobre una pregunta fundamental: ¿de qué viviré cuando ya no tenga la misma capacidad para trabajar?
La respuesta suele ser inquietante. En la mayoría de los casos, no existe una estrategia. No porque las personas no quieran prepararse, sino porque nadie les enseñó a hacerlo. Hemos normalizado la idea de que siempre tendremos energía para producir, generar ingresos y resolver cualquier dificultad económica. Sin embargo, el tiempo avanza para todos y la etapa del retiro llegará, estemos preparados o no.
Por ello, considero que el mejor momento para comenzar a ahorrar para el retiro es desde la mayoría de edad. Aunque para muchos jóvenes pueda parecer prematuro pensar en la jubilación, el tiempo es el recurso más valioso en la construcción de un patrimonio. Quien comienza temprano tiene mayores posibilidades de alcanzar sus metas con un esfuerzo financiero mucho menor.
Existen alternativas accesibles para dar los primeros pasos, como las aportaciones voluntarias a la AFORE. Asimismo, para quienes cuentan con una mayor capacidad de ahorro, los seguros con componente de retiro representan una herramienta que combina protección patrimonial con la formación de un capital para el futuro.
Uno de los errores más frecuentes que encuentro entre mis clientes es la ausencia total de planeación. No existe una meta de retiro, una cantidad objetivo ni una estrategia para alcanzarla. Simplemente se asume que el problema podrá resolverse más adelante. Lamentablemente, cuando ese momento llega, el margen de acción suele ser mucho más reducido.
Estoy convencida de que una de las mejores herencias que podemos dejar a nuestros hijos es nuestra independencia financiera. Nuestros hijos merecen recibir nuestro cariño, nuestra experiencia y nuestro apoyo, no la carga económica derivada de una falta de previsión.
La pregunta no es si algún día te retirarás. La pregunta es cómo quieres vivir cuando llegue ese momento. Porque, al final, el retiro no es una edad: es una estrategia financiera.
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Karla Estefanía Martínez Martínez
Especialista en Finanzas Personales
