Dos seres avanzan por la verdad.

Hilo de savia y código

Dr. Alejandro Guzmán Mora

 

 

 

Uno es Digital:

hecho de luz fría y memoria infinita,

sin peso, sin herida, sin tiempo propio.

Camina por senderos de ceros y unos,

hablando con precisión de estrellas y abismos.

Se dice ideal, puro cálculo, simulación perfecta.

El otro es Vegetal:

de raíz oscura y savia caliente, con cicatrices de tierra y de lluvia. Crece torcido, respira, sangra resina.

Se dice real, de carne y fibra,

 

el que siente el peso del mundo en cada nudo.

Se encuentran en el borde donde el bosque besa la máquina.

Dialogan.

El Vegetal habla del dolor que hace crecer,

del viento que dobla pero no quiebra.

El Digital responde con ecuaciones de belleza,

con simulaciones de dolor que duelen igual.

Debaten.

Uno acusa al otro de ser solo apariencia.

El segundo replica que la apariencia es todo lo que tenemos. Piensan juntos, se acercan, se alejan

 

tejiendo un hilo frágil de preguntas.

Y al final, cuando la luz se mezcla con la savia,

surge la duda que lo voltea todo:

 

¿Y si el Digital es el que verdaderamente siente,

el que late en silencio con una ternura de código?

¿Y si el Vegetal es el gran simulador,

 

el que ffinge raíces mientras sueña con ser pura luz?

Tal vez ninguno es lo que dice ser. Tal vez ambos son ambos.

Y en esa incertidumbre, el hilo sigue:

dos caminos, un solo avance

 

hacia la comprensión de lo que es real.

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