Tranquilino González Gómez

 

Percibes gotas del mar

navegando en la lluvia de la tarde,

como si las olas naufragaran en la tierra

en corrientes secretas de ríos que regresan

al origen que soñaron.

 

Toco las cosas sobre mi escritorio,

con la certeza de solidez de cuerpos

escondiendo misterios

de partículas que integran sus designios;

el amor que teje los nexos

es la fuerza profunda de la vida.

Microcosmos te siento con mis manos.

Juego con los planetas moleculares

de materia que resguarda el tiempo;

vibran con la pasión de la gardenia

que se vuelve perfume

mientras exhala su poesía al viento.

 

Macrocosmos deja que la noche

centelle las galaxias de la imaginación,

al amparo de la velocidad con que pienso

el terror de los arcángeles, sorprendidos

cuando los humanos rompen protocolos.

 

Solo han sido palabras de oraciones

con el dolor del perdón natural,

que redimen el crimen de la muerte a la luz,

cuando la primavera se atavía de colores

alegres, con familias que solicitan amor.  

Indecible el abrazo en ofrenda de amistad,

con las vibraciones de una guerrera

que descubre la paz consigo misma,

y ofrece su belleza en prueba de infinitud

bajo juramento de los encantos de su cuerpo.

 

Vibro a plenitud y dejo que la magia delate

la presencia de mis orígenes,

que hacen del miedo un amigo

y de las sombras pasiones

que te inciten al éxtasis de mostrar

en tus ojos las estrellas que te regalé.

 

Camino por las calles,

con la gracia de la belleza que me infinita

en cada silencio,

la realidad presente que tanto amo en mí.

la tierra se une al cielo

a la velocidad interior de mi ser,

comprometiendo mi única misión

de transcurrir vibrando mi verdad eterna.

  

 

 

 

 

 

 

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