Piénsalo tres veces

Pensar menos gracias a la IA: ¿progreso o renuncia?

Francisco Javier Rauda Larios

Nunca había sido tan fácil obtener una respuesta.

Podemos pedirle a una aplicación que escriba un correo, resuma un libro, resuelva un problema, diseñe una estrategia o nos diga qué responder en una conversación difícil. En pocos segundos recibimos un texto ordenado, convincente y, muchas veces, mejor redactado de lo que esperábamos.

La experiencia resulta fascinante. También cómoda.

Quizá demasiado cómoda.

La inteligencia artificial nos permite ahorrar tiempo, ampliar nuestras capacidades y acceder a conocimientos que antes parecían lejanos. Pero, mientras celebramos todo lo que puede hacer por nosotros, conviene formular una pregunta incómoda:

¿La estamos utilizando para pensar mejor o para dejar de pensar?

La diferencia parece pequeña, pero puede definir nuestra relación con la tecnología y, posiblemente, con nosotros mismos.

Primera mirada: lo que parece

Pensar menos no necesariamente es algo malo.

La humanidad siempre ha creado herramientas para reducir esfuerzos. Dejamos de memorizar números cuando apareció la agenda telefónica. Dejamos de realizar operaciones manuales cuando tuvimos calculadoras. Los mapas digitales evitaron que aprendiéramos rutas completas. Los buscadores pusieron enormes cantidades de información a nuestro alcance.

Cada herramienta liberó tiempo y energía para realizar otras actividades.

Desde esta perspectiva, la inteligencia artificial representa un avance extraordinario. Puede encargarse de tareas repetitivas, organizar información, comparar alternativas, detectar patrones y generar un primer borrador cuando la página en blanco nos paraliza.

¿Por qué habríamos de desperdiciar horas haciendo algo que una herramienta puede resolver en minutos?

El problema no está en ahorrar esfuerzo. El progreso también consiste en dejar de hacer trabajos innecesariamente complicados.

Sin embargo, no todo esfuerzo es inútil.

Hay esfuerzos que construyen capacidades: intentar comprender una idea, buscar las palabras adecuadas, sostener una duda, comparar evidencias, reconocer contradicciones o aceptar que todavía no tenemos una respuesta.

Cuando evitamos sistemáticamente esos procesos, no solamente ahorramos tiempo. También dejamos de ejercitar las capacidades que nos permiten juzgar la calidad de lo recibido.

Una respuesta rápida puede resolver una tarea. Pero no necesariamente desarrolla a la persona que la solicita.

Piénsalo.

Segunda mirada: lo que no estamos viendo

Existe una diferencia fundamental entre delegar una tarea y delegar el pensamiento.

Delegamos una tarea cuando utilizamos la inteligencia artificial para ordenar datos, corregir un texto o explorar alternativas. Seguimos comprendiendo el problema, evaluamos las propuestas y asumimos la decisión final.

Delegamos el pensamiento cuando aceptamos una respuesta porque parece convincente, sin preguntarnos de dónde proviene, qué omite, a quién beneficia o si realmente tiene sentido.

La inteligencia artificial produce respuestas con una seguridad que puede resultar seductora. No duda como nosotros. No se detiene avergonzada. No cambia el tono para advertirnos que quizá está equivocada. Puede presentar un error con la misma claridad con la que presenta un acierto.

Por eso, cuanto más fácil sea obtener respuestas, más importante será aprender a evaluarlas.

Imaginemos a un estudiante que entrega un ensayo generado por una plataforma sin comprenderlo. Tal vez obtenga una buena calificación, pero habrá perdido la oportunidad de ordenar sus propias ideas.

Pensemos en un directivo que solicita una estrategia, copia las recomendaciones y las presenta como una decisión. Podrá impresionar en una reunión, pero difícilmente responderá cuando la realidad contradiga el documento.

O en una persona que pide a la inteligencia artificial que redacte todos sus mensajes personales. Quizá se comunique con mayor elegancia, pero podría comenzar a expresarse con palabras que no representan lo que realmente siente.

El riesgo no es únicamente volvernos dependientes de una herramienta. Es distanciarnos de nuestra propia voz, criterio y capacidad para enfrentar la incertidumbre.

——————

Paco Rauda

Diseñador del futuro

Acompaño a personas, líderes y organizaciones en su proceso de desarrollo, hacia un futuro deseado. Ayudándoles a pensar con mayor claridad, decidir con conciencia y actuar con sentido humano, en entornos complejos. Creo que el verdadero desarrollo comienza cuando dejamos de reaccionar y empezamos a elegir, conscientemente, ese futuro deseado y a actuamos en consecuencia.

Contacto:

contacto@pacorauda.com        [52] 443 626 64 16

Deja un comentario