Por: Neftalí Coria

 

 

Para Emilio Coria Orozco

Ahora que han pasado las fiestas patrias y que la ciudad vuelve a su vida ordinaria, he vuelto a mi trabajo con la novela que escribo (un amigo me dijo: “siempre estás escribiendo una novela ¿Y la poesía?”) “Ahora mi poesía se escribe en el silencio que le resta a la novela, pero tampoco se detiene”, le dije.

Y ya de vuelta al trabajo, también vuelvo a buscar música, que es otra de mis constantes. Y como siempre lo hago, sin prisa, pero sin pausa busco música, porque la música es un alimento necesario para los que trabajamos con el oído todos los días. Y me salió Raymix, el de la electrocumbia y ahí le hice clik.

De inmediato recordé como suele hacernos recordar la música. “Y échele mundo”, dice el joven cumbianchero; una frase que todavía no me queda del todo clara, pero que se me hace como el mundo que llevamos en la formación de nuestra historia, ese mundo del que se dice: “Vaya, ese sí que tiene mundo”. Y con el ritmo de la electrocumbia, hay que echárselo todo al candente ritmo que siempre mueve a la alegría.

Hace un tiempo en una de esas noches ligeras y de chelas, en las que conversaba con mi hijo Emilio, me enseñó a este cándido cumbianchero que de inmediato me alegró el momento de aquella conversación. La noche se trató de Raymix, noche recordada hoy con nostalgia. Y luego que Emilio me ilustrara sobre su curriculum, me causó una nueva impresión. Había trabajado en la NASA y los sonidos de las máquinas lo llevaron a la música de sintetizadores con sonidos espaciales y novedosos con la que fue construyendo su música, y ahí también vi la gracia. Raymix (su nombre es Edmundo Gómez Moreno) estudió ingeniería aeronáutica en el Instituto Politécnico Nacional (IPN), y fue en 2013 que realizó una estancia o pasantía educativa en un centro de la NASA en California. Allí participó como líder en el desarrollo de un proyecto para construir un satélite educativo. Se dice que “Durante sus ratos libres y fines de semana en ese periodo, comenzó a componer y producir música, lo que eventualmente lo llevó a crear el concepto de la electrocumbia con su éxito «Oye mujer». Y después vino su mayor éxito, lo que sin duda consiguió por esa gracia y sencillez, que sabemos que no es de todos.

Sus cumbias son aderezadas con un sonido distinto a los de los cumbiancheros mexicanos que he oído por ahí. Sus letras sencillas, sinceras, distan mucho de las letras populares de lo que se oye en las camionetas de los aprendices de malditos que rayan en la inigualable vulgaridad.

“Oye mujer” fue mi puerta de entrada y en apariencia, la pieza no vale la pena por los lugares comunes que se usan también en los viejos boleros, pero hay algo que la baña de una gracia que pocas veces encuentro en la música popular. En la canción a la que me refiero, el enamorado no quiere nada, más que darle un beso a la que tanto desea. “Oye mujer, yo solo quiero darte un beso, un beso nomás, decirte lo que siento, cobijarte entre mis brazos, y ya…” Y ese “y ya”, contiene una promesa adolescente en la que mucho puedo ver un amor limpio de un muchacho que le basta darle un beso a la que pretende. Aunque también es una promesa en la que se esconde la trampa del beso inocente con riesgo que las manos se vayan más lejos. Pero en la literalidad, es una propuesta amorosa que comienza por donde algo deseado puede crecer legítimamente, hasta donde ese río amoroso interior, los lleve en mutuo acuerdo y deseo par, si acaso aquella a la que quiere darle un beso, consiente. Es notable que la última palabra de la letra de esta canción sea: “nomás”. Las suyas son letras de las que podría decirse que se acercan a la bobaliconada, pero la sinceridad lírica que contienen es la de un joven que pide amor y amor ofrece en el plano sincero de la edad iniciática.

Aquella noche con Emilio, la dedicamos a unas cuantas canciones, que después descubrí esa gracia de la que hablo en sus letras, también en otras piezas y ahora me sorprende con otras nuevas que siguen el mismo patrón.

Me dirán lo que quieran y a algunos les asombrará que hablo de un cumbianchero, cuando en mi condición de escritor y su estereotipo, debería hablar de “música culta” ¿Y qué es eso? No, en la condición que se viva, el mundo es más amplio y hay que atenderlo sin prejuicios, porque los hay y los he visto, muchos que no se bajan de sus vitrinas de la intelectualidad cuasi burguesa y disfrazada de abominar el mundo de la “baja cultura”. En mi vida no hay prejuicios de esos y siempre he sido cercano al mundo sin barreras de creer que estoy en otro estatus ficticio. El mundo es amplio y mucho me ha permitido probar de sus jardines y flores para mi poesía y mi obra que no dejo de construir con la amplitud de mirar de cerca aquello que me provoca, sin calificativos y en la conciencia de la igualdad.

Ahora que escribo escucho a Raymix y al escribir, me apropio con las manos de su ritmo, e imagino que al bailar con sus piezas, que nace de no sé dónde, se es presa del balanceo delicioso, pese a las letras tristes y se mueve la alegría del cuerpo y el alma como el agua de un río crecido responde.

El siguiente paso, será bailar y encaminar esa danza al fragor de la alegría que en la cumbia se puede encontrar para deshilachar el espíritu y sudar, como debe sudar el que entra al paraíso con los ojos cerrados.

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