Tranquilino González Gómez
La mujer dadora de vida se llama Madre. Palabra cuyo significado no solo es profundo en el sentido de la creación de seres humanos, sino también porque son principalmente quienes tienen en sus manos el cuidado y la atención de los hijos.
La poética de la vida nos ha enseñado que el amor es la fuerza que une a los seres humanos, para que florezcan las mejores capacidades que tenemos, y que bajo esta fortaleza se tenga la firmeza de orientar y desarrollarlas para tener las herramientas y el carácter para salir adelante en nuestras vidas.
Mañana es 10 de mayo, el Día de la Madre, una oportunidad para festejarlas y tener en consideración lo que representan para nosotros, no sólo por lo que nos han dado, sino también por los cambios que enfrentan en una sociedad donde el papel de la mujer como madre desde luego también adquiere nuevas formas y retos.
El matrimonio tanto civil como eclesiástico era la manera tradicional como se establecía la relación entre las parejas para formar un hogar y tener hijos o hijas, pero en estos tiempos modernos ya muchas parejas no se casan, sino simplemente se juntan e incluso muchas mujeres ya no quieren tener hijos, por las implicaciones que tiene la gran responsabilidad de cuidarlos.
El empoderamiento de la mujer hoy en día considera que es una responsabilidad también de los hombres el cuidar y atender a los hijos, y ahora muchos de los hombres se suman a los quehaceres de la casa y a las responsabilidades de estar más cerca de la educación de los hijos. Es una responsabilidad común el de atender la casa y la familia.
En contraparte sigue existiendo en muchas partes el viejo machismo, en que la mujer no tiene los derechos que ahora lo otorgan la equidad de género, y en algunos casos perdura la opresión y el maltrato a las madres de familia, sometidas porque no tienen sus propios ingresos económicos y esta dependencia crea sumisión.
México es el gran país de las paradojas, ya que, por una mentada o recordatorio a alguien de su madre, se puede perder la vida. Sin embargo, esa madre en la vida cotidiana, no se le cuidada ni se atiende como merece y en más de las veces ni siquiera es respetada por esos hijos que matan cuando se la mientan.
En el trabajo aun no todas las mujeres gozan de tener el mismo salario que los hombres, y en las actividades de trabajo en las casas como servidoras, siguen sin tener los derechos de seguridad y salud que ya se tienen en otras actividades.
El oficio de ser madre es un trabajo no remunerado, que exige muchos sacrificios y esfuerzos, que lamentablemente los hijos no saben apreciar. La mujer juega un papel excepcional en todos los aspectos de la vida y su fortaleza es la que permite salir adelante en los grandes y graves problemas en las familias y en la sociedad.
El sentimiento que surge en el desarrollo de la vida de quienes van creciendo y tienen el amor de una madre que al margen de su condición económica se encarga de que sus hijos puedan ir enfrentando los retos para su sobrevivencia y aprendan lo que es mejor en sus vidas, es el más grande regalo de las madres a sus hijos.
Que este 10 de mayo sirva para festejarlas y darles todos los días ese amor y cariño que nos merecen.
