Soberana del Engaño
Luis Manuel García Rodríguez
La reina del engaño
se sienta en un trono invisible,
tejido de susurros y sonrisas falsas.
Sus ojos, espejos pulidos,
reflejan lo que el otro desea ver,
nunca lo que realmente son.
Sus palabras son mariposas de seda,
acarician el oído, luego se desvanecen,
dejando un rastro de incertidumbre.
Promete cielos de acuarela
y entrega nubes grises
que llueven promesas rotas.
Se viste con la armadura de la confianza,
un escudo brillante que ciega al incauto.
Camina con la ligereza de la duda,
dejando huellas que se borran al instante,
como espuma en la orilla de la verdad.
Y la gente se acerca, hipnotizada,
buscando consuelo en su sombra.
Pero en su reino de espejismos,
solo encuentran el eco de sus propios miedos,
vestidos con el ropaje de la ilusión.
