Vega-Nor (1969) de Victor Vasarely
Óleum: Columnas sobre Arte
Op Art
Estefanía Riveros Figueroa
El Op Art muestra imágenes distorsionadas que engañan al cerebro, porque el cerebro mismo hace el trabajo de “acomodarla”, cometiendo errores en el proceso. Se les llama Op Art y proceden de una corriente pictórica de mediados del siglo XX. Al observarlas producen mareos, sensación de movimiento e incredulidad. Ya hablamos de los trampantojos, pero hoy toca hablar de las ilusiones ópticas del Op Art, corriente que se desarrolló en paralelo con el expresionismo abstracto.
El expresionismo abstracto surgió entre los años 1940 y 1950 como una respuesta ante el arte figurativo, es decir, aquel arte que emplea figuras para representar objetos reconocibles. Por ejemplo, si alguien dibuja un animal cuadrúpedo con orejas puntiagudas, bigotes, cola estilizada y ojos con pupilas rasgadas, dichos elementos en conjunto componen una imagen reconocible como un gato. Cuando el arte representa figuras explícitamente reconocibles, se le llama figurativo. Esto es independiente a la calidad de las pinceladas, colores o texturas que emplee. Un gato sigue siendo un gato si el ojo humano lo reconoce como tal, aún cuando el artista lo haya pintado rosa o azul, con pinceladas moteadas o fluidas. Si cuenta con los elementos esenciales para ser reconocido como un gato, es figurativo.
Lo contrario al arte figurativo es el arte abstracto. La pretensión del arte abstracto es comunicar mediante líneas, colores, texturas y gestos la expresividad del artista y no representa objetos concretos del mundo. Tras la Segunda Guerra Mundial, el expresionismo abstracto surgió con fuerza en Estados Unidos. Se ha señalado de manera polémica una posible injerencia de apoyos (cuestionables) de la agencia de inteligencia secreta más famosa de Norteamérica la CIA hacia los artistas refugiados en su país, ocasionando que el arte moderno eclosionara no sin estar ajeno a ciertas influencias políticas… Para el caso concreto del expresionismo abstracto, éste se basó en los siguientes principios: exaltación de la expresión individual, la libertad creativa y la experimentación con formatos y materiales. En el ideario colectivo tenemos instalada la imagen de que el Arte siempre sirve a la expresión subjetiva y que es una extensión del individualismo del artista, pero si estudiamos más a profundidad la Historia del Arte, veremos que esto no siempre fue así.
Antes de que las obras de arte migraran a los museos, la realidad es que la mayoría de las obras eran comisionadas por capitales privados, instituciones o mecenas. Entre ellos, primaba un lenguaje estudiado y acordado donde los colores, los símbolos, las figuras, incluso los gestos de los personajes constituían un universo que era descifrado como un código común. En este código de referencias acordadas entre los intelectuales y los artistas, si alguien pintaba una granada, por ejemplo, el simbolismo pactado dictaba que debía interpretarse como símbolo de resurrección para el arte cristiano, fecundidad y fertilidad o ciclos de vida y muerte por asociación con el mito de Perséfone.
Pero conforme los artistas se emanciparon de las obras por comisión y empezó el auge de las galerías públicas y los museos, el rechazo hacia el academicismo y los símbolos compartidos fue perfilando un arte cada vez más subjetivo y libre. Para cuando llegó el caótico siglo XX y el panorama geopolítico y económico se reconfiguró con las guerras mundiales, el Arte y sus cánones experimentaron la estocada de gracia: lejos quedó ese lenguaje simbólico y culto y el individualismo y la libertad creativa se instalaron como los nuevos pilares de la creación. Nace el expresionismo abstracto, lo que yo personalmente llamo la “aplicación cruda de las Matemáticas al lienzo” (repito que esto último es una opinión personal). En paralelo al expresionismo abstracto, surge el Op Art.
El Op Art (Optical Art) maneja figuras geométricas repetitivas, así como efectos cromáticos, variación en las proporciones, posiciones de los objetos y juega con nuestra percepción. El objetivo del Op Art es que imágenes planas y fijas parezca que se mueven por sí solas, que en ocasiones giran, palpitan o se iluminan por su cuenta. Su auge se dio en la década de 1960 y sus principales exponentes fueron el húngaro Victor Vasarely, considerado el padre del Op Art, el israelí Yaacov Agam, la británica Bridget Riley , el venezolano Jesús Rafael Soto, la chilena Matilde Pérez así como el británico Michael Kidner, entre otros. El Op Art se inspiró en el cinematismo y en el suprematismo, corrientes que revisaremos en otra ocasión. Utiliza matices cromáticos contrastantes o el clásico blanco y negro que manejan las sombras con maestría y con trazos limpios hechos usualmente con pintura acrílica.
El Op Art no transmite emociones como tal, tampoco cuentan historia alguna, ni mitos o reflexiones morales. Su encanto reside en la sorpresa y en plantearse cuestiones psicológicas y filosóficas, ya que se basa en un cuestionamiento crucial que va más allá de mitos, tradiciones o culturas. El Op Art te hace preguntarte: ¿Qué tanto puedes confiar en lo que ven tus ojos? En cierto sentido, refuerza la noción de que este mundo está plagado de ilusiones y en consonancia con un nihilismo decadente, nada ni nadie es lo que aparenta ser…
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