José Juan Marín

 

En estos aciagos días de intervencionismo atroz y atropello del derecho internacional, si algo abunda es la incertidumbre; ¿qué pasará ahora?, es la pregunta que inquieta a muchos.

A Trump no le interesa administrar Venezuela, ni instalar un gobierno interino que impulse y establezca mecanismos democráticos. No quiere repetir los casos de Iraq ni de Afganistán, por las siguientes razones:

Uno. A Trump le interesa el negocio, la ganancia, el petróleo, las tierras raras.

Dos. Seguramente el gobierno de Delcy Rodríguez en Venezuela, sorteará las presiones de EU con algunas medidas cosméticas: depurará de sus filas a algunos radicales; liberará algunas docenas de presos políticos y ofrecerá condiciones para que empresas estadunidenses participen en el debilitado mercado local.

Tres. En ese sentido, Trump le exigirá a Delcy Rodríguez decreto tras decreto, despido tras despido y purga tras purga en la burocracia y en el gabinete, uno a uno, con el fin de obtener un control progresivo y total de ese país.

Cuatro. Respecto a la dirigente opositora María Corina Machado, no es considerada una opción inmediata para gobernar. Según se explicó, tanto Trump como Rubio la consideran una figura que aún genera rechazo entre sectores militares y simpatizantes del chavismo, por lo que su eventual llegada al poder podría darse en una etapa posterior y no en el corto plazo.

En México, la única salida es la colaboración en todas las áreas: en inteligencia, en operativos militares y en efectivos mexicanos guiados por información clasificada de Estados Unidos. Si en el gobierno de México se alcanza a comprender esta premisa básica, tal vez nos libremos de un operativo al estilo Venezuela.

Trump va a poner muchísima presión sobre México, para que despliegue acciones contra los narcotraficantes; para que ponga a tono sus inversiones y su sistema económico, pero, especialmente, para regular las inversiones que los chinos están haciendo en el norte de México.

Deja un comentario