Viajes y Recuerdos: Juan F. Perales

 

 

 

 Pirámide de Kefrén, Guiza, Egipto

 

Nombre: Pirámide de Kefrén o Jafra

Nombre antiguo: Wer(en)-Khafre, “Kefrén es grande”

Ubicación: Meseta de Guiza, cerca de El Cairo, Egipto

Periodo: Imperio Antiguo, IV Dinastía

Fecha aproximada: hacia 2570 a. C.

Constructor: faraón Kefrén (Jafra)

Altura original: aproximadamente 143,5 metros

Altura actual: alrededor de 136,4 metros

Longitud de la base: unos 215 metros por lado

Inclinación: aproximadamente 53°

Material principal: piedra caliza, con revestimiento de caliza fina y elementos de granito.

 

Historia

 

La pirámide fue construida hace unos 4,500 años como monumento funerario del faraón Kefrén, uno de los soberanos de la IV Dinastía y probablemente hijo de Keops, constructor de la Gran Pirámide.

 

Es la segunda mayor de las tres grandes pirámides de Guiza, después de la de Keops y antes de la de Micerino. Sin embargo, a primera vista puede parecer incluso más alta que la Gran Pirámide, porque fue levantada sobre una zona ligeramente más elevada de la meseta y posee una pendiente algo más pronunciada.

 

La construcción no constituía un monumento aislado. Formaba parte de un enorme complejo funerario real, integrado por la pirámide, un templo funerario, una larga calzada ceremonial y un templo del valle situado cerca del antiguo límite de las tierras cultivadas por el Nilo.

 

Muy cerca se encuentra también la Gran Esfinge de Guiza, cuya construcción suele asociarse al reinado de Kefrén debido a su ubicación y relación con el complejo funerario, aunque algunos aspectos de su origen continúan siendo objeto de estudio.

 

Una gigantesca montaña artificial

 

La forma piramidal no era simplemente una solución arquitectónica. Tenía un poderoso significado religioso.

 

En la concepción egipcia, el faraón fallecido debía incorporarse al mundo divino y alcanzar la eternidad. La pirámide podía relacionarse simbólicamente con los rayos solares y con la colina primordial que, según determinados relatos de la creación egipcia, emergió de las aguas del caos al comienzo del mundo.

 

Por ello, la pirámide era simultáneamente:

 

tumba, monumento real, símbolo solar y representación de eternidad.

 

Su extraordinaria estabilidad geométrica permitió además que estas construcciones sobrevivieran durante milenios.

 

Materiales

 

La mayor parte de la estructura está formada por enormes bloques de piedra caliza local extraída en la propia meseta de Guiza.

 

Sobre ese núcleo relativamente irregular se colocó originalmente un revestimiento mucho más fino de caliza blanca de Tura, procedente de canteras situadas al este del Nilo.

 

Este revestimiento fue cuidadosamente alisado, de manera que la pirámide antigua no presentaba el aspecto escalonado y rugoso visible actualmente.

 

Originalmente sus caras debieron verse como enormes superficies claras, lisas y geométricamente precisas, capaces de reflejar intensamente la luz solar.

 

En las partes inferiores del complejo también se utilizó granito, transportado desde Asuán, a más de 800 kilómetros al sur.

 

El revestimiento que todavía conserva

 

Esta es precisamente la característica que permite identificar con facilidad la pirámide de Kefrén.

 

En la zona superior todavía se conserva una importante sección del revestimiento exterior original de piedra caliza.

 

El contraste es muy visible:

 

arriba: superficie relativamente lisa, correspondiente al antiguo revestimiento;

 

abajo: bloques irregulares del núcleo interior, expuestos después de que gran parte del revestimiento fuera retirado a lo largo de los siglos.

 

Las pirámides de Guiza fueron utilizadas durante distintos periodos como auténticas canteras de piedra, especialmente para construcciones de El Cairo.

 

Paradójicamente, esa pérdida permite hoy comprender cómo fueron construidas: se observa simultáneamente la estructura interna y una parte de la superficie exterior original.

 

Arquitectura

 

La pirámide tiene planta aproximadamente cuadrada y sus cuatro caras están orientadas con extraordinaria precisión hacia los puntos cardinales.

 

Su pendiente ronda los 53 grados, ligeramente superior a la de la Gran Pirámide de Keops. Esta mayor inclinación contribuye a que parezca especialmente alta y estilizada.

 

El interior es mucho más austero de lo que podría sugerir su tamaño exterior.

 

Posee dos entradas en el lado norte, conectadas con corredores descendentes que conducen hacia la cámara funeraria.

 

La cámara principal fue parcialmente excavada directamente en la roca de la meseta y contiene un gran sarcófago de granito.

 

A diferencia de las tumbas egipcias de épocas posteriores, sus corredores y cámaras prácticamente carecen de grandes programas decorativos y textos funerarios.

 

La espectacularidad de la pirámide estaba concentrada principalmente en su escala, precisión geométrica y apariencia exterior.

 

La perspectiva permite contemplar simultáneamente dos caras de la pirámide, con una de sus grandes aristas ascendiendo casi directamente hacia el vértice.

 

Esta posición resulta especialmente eficaz para comprender su carácter tridimensional. La pirámide deja de percibirse como un simple triángulo y aparece como lo que realmente es: una gigantesca masa geométrica de piedra.

 

En la parte superior destaca claramente el revestimiento conservado. Más abajo aparecen las innumerables hiladas de bloques de piedra caliza, erosionadas después de más de cuatro milenios.

 

La iluminación cálida acentúa las irregularidades de las piedras y produce una gama de tonos dorados y ocres que contrasta intensamente con el azul del cielo.

 

El camello y la escala del monumento

 

En primer plano aparece un camello ensillado, elemento que introduce profundidad y ayuda a establecer la escala.

 

Su presencia crea tres planos visuales:

 

camello → espacio desértico → pirámide.

 

Además, el animal dirige la cabeza hacia el observador, generando un curioso punto de contacto visual dentro de una escena dominada por una construcción inmóvil de miles de años de antigüedad.

 

En el extremo izquierdo, junto a la base, aparece también una pequeña figura humana vestida de blanco.

 

Su diminuto tamaño frente a la pirámide funciona como una referencia excepcional para comprender las verdaderas dimensiones del monumento. La figura apenas ocupa una fracción de la altura de las primeras hiladas de piedra.

 

Así se produce un fuerte contraste entre la escala humana y la escala monumental concebida para el faraón.

 

Una ilusión de tamaño

 

Existe una curiosidad especialmente interesante en el conjunto de Guiza.

 

La pirámide de Kefrén no es la más grande, aunque desde numerosos puntos parece serlo.

 

La Gran Pirámide de Keops alcanzaba originalmente unos 146,6 metros, mientras que la de Kefrén medía aproximadamente 143,5 metros.

 

Sin embargo, Kefrén fue construida sobre terreno más elevado y tiene una pendiente más pronunciada. Esa combinación produce una especie de ilusión arquitectónica, haciendo que en determinadas perspectivas parezca superar a la pirámide de Keops.

 

Importancia

 

La pirámide de Kefrén constituye uno de los ejemplos más extraordinarios de ingeniería monumental del mundo antiguo.

 

Su importancia radica no solamente en sus dimensiones, sino en haber sobrevivido durante aproximadamente 45 siglos conservando incluso parte de su revestimiento exterior original.

 

Junto con las pirámides de Keops y Micerino, la Gran Esfinge, los templos y las necrópolis circundantes, forma parte del complejo monumental de Guiza, integrado en el sitio de Menfis y su necrópolis, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO.

 

Curiosidad

 

La parte superior permite imaginar algo difícil de apreciar actualmente: las pirámides de Guiza no fueron concebidas como enormes montañas de piedras escalonadas.

 

Cuando estaban terminadas, sus caras estaban cubiertas por piedra caliza cuidadosamente pulida.

 

Bajo el intenso sol egipcio, la pirámide de Kefrén habría aparecido como una enorme forma geométrica blanca y luminosa elevándose sobre la meseta.

 

La franja de revestimiento que todavía permanece junto al vértice constituye, por tanto, una pequeña ventana de más de cuatro mil años hacia el aspecto que alguna vez tuvieron las grandes pirámides de Egipto

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