José Juan Marín´p3


Una sociedad se descompone -o puede descomponerse de muchas maneras, cuando un conjunto de factores la divorcian de sus valores universales, la ingresan en una crisis de autoestima y confianza y activan en ella, por decirlo así, el germen de la autodestrucción que vulnera sus sueños y capacidades.

 

Los síntomas que apuntan a una descomposición son del más variado signo e incluyen incertidumbre sobre el rumbo del país, resquebrajamiento social, crisis de cohesión en las familias y un patrón de neurosis y conflicto en las relaciones interpersonales.

 

El fracaso espiritual lleva a la antesala de otros fracasos, incluido el material: no saber quién se es ni a dónde se va conduce a la parálisis del ánimo, a no saber qué hacer y a no acertar a encontrar nuestro lugar en el mundo.

 

Precarizar al hombre es el camino más corto para someterlo y controlarlo, porque sin satisfactores vitales se agudiza en él, el instinto de sobrevivencia, que a su vez, engendra el individualismo agresivo de la lucha por el pan, el empleo y las oportunidades de desarrollo, donde el egoísmo insolidario se vuelve la piedra de toque de las relaciones sociales: la ´jodidez monetaria´ como motor de una nueva lucha de clases y partera de la historia.

 

Es la falta de ancla en el mundo y el no-saber-qué-hacer donde radican el caos y la confusión social reinantes; a su vez, son el caos y la confusión social los climas donde afloran y se reproducen con mayor fuerza los rasgos del individuo, de la sociedad.

 

A estas alturas, viendo cómo avanza el fantasma del deterioro, a muy pocos les queda duda que las matanzas por ajustes de cuentas y las masacres por el control de plazas son una de las manifestaciones más evidentes de la descomposición que padecemos.

 

El incremento y la proliferación de conductas delictivas, lo mismo que la elevación en el consumo de opiáceos, psicotrópicos, barbitúricos y otras drogas, son indicios de que un clima de descomposición social avanza sobre México.

 

En el darwinismo biológico sobrevive y se abre paso el más apto, el que muestra más resistencia y mayor capacidad de adaptación al entorno; no obstante, el riesgo latente en una sociedad como la nuestra radica en que el darwinismo no sea sólo biológico sino económico, laboral y de psicología social, pues es en sociedades en crisis de ajuste donde más se ocupan instinto, astucia, aptitud e inteligencia para sobrevivir.

 

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