José Juan Marín


Hay razones para pensar que no se ha dicho la última palabra sobre los aranceles que el gobierno de Trump impuso a México y que se pausaron hasta el 2 de abril:

 

Primero: Hay razones para que esto no sea un hecho consumado, la caída de las bolsas, el temor de los productores y empresarios estadunidenses, las encuestas mayoritariamente desfavorables a los aranceles y a Trump, las críticas en la prensa como el Wall Street Journal.

 

Segundo: Si Trump mantiene los aranceles al 25% sin tomar en consideración, sin sopesar, lo mucho que logró blandiendo la amenaza de imponerlos en términos de migración, de combate al tráfico de fentanilo y en comercio, mandará el mensaje de que de nada sirve responder a sus amenazas.

 

Tercero. Porque nadie discute, ni en México ni en Estados Unidos, que el gobierno de México respondió, incluso envió a 29 criminales, cuidando que fueran de todos los grupos importantes.

 

Cuarto. EU sigue esperando que el gobierno de la doctora Claudia Sheinbaum tome la iniciativa y vaya a fondo contra los seis cárteles, sus redes políticas y principales financiadores, como parte de los acuerdos de cooperación, con la CIA, y el FBI.

 

Quinto. Expertos en comercio exterior estiman que lo hecho el jueves pasado al conseguir este nuevo respiro arancelario, es debido a reconocer la serenidad, sensatez y prudencia política mostrada por la presidenta Claudia Sheinbaum.

 

Con ello espero se busque presionar a Trump y que, en los próximos meses, a más tardar en junio, desistan de la aplicación de los aranceles.

 

Con este supuesto “aliado” todo es posible, y lo fundamental desmerece frente a lo superfluo y lo frívolo que es Trump.

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