Piénsalo tres veces

Sufres porque quieres, ¡supéralo!

Francisco Javier Rauda Larios


No hay razón para buscar el sufrimiento, pero si éste llega y trata de meterse en tu vida, no temas; míralo a la cara y con la frente bien levantada.

– Friedrich Nietzsche.

En esta ocasión, aprovecharé el tema de un curso que impartiré próximamente con el nombre del título que encabeza esta publicación.

Desde mi humilde opinión, es importante reconocer y enfatizar el hecho de que el sufrimiento es una experiencia profundamente humana. Todos lo hemos sentido: por una pérdida, una traición, un fracaso, una enfermedad o incluso por no obtener lo que deseábamos. Sin embargo, aunque el dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional. Y esta afirmación, por incómoda que parezca, encierra una verdad liberadora: sufrimos porque queremos… pero también podemos decidir dejar de hacerlo.

El sufrimiento no es simplemente consecuencia del dolor, sino de la resistencia al dolor. Cuando algo no sale como queremos, cuando la vida se tuerce o cuando las personas no cumplen nuestras expectativas, nos aferramos al «debería ser diferente», y esa lucha interna nos hace sufrir.

Entre las principales causas del sufrimiento encontramos:

  • El apego: Aferrarnos a personas, cosas o ideas como si fueran permanentes e indispensables.

 

  • La resistencia al cambio: Nos cuesta soltar, adaptarnos, fluir con la vida.

 

  • El ego herido: Nos duele que nos rechacen, que no nos reconozcan, que nos contradigan.

 

  • Las expectativas irreales: Queremos que la vida cumpla nuestro guion mental.

 

  • El diálogo interno negativo: Nos contamos historias trágicas que alimentan el sufrimiento.

 

Cuando el sufrimiento se instala en nuestra vida como un huésped permanente, no solo daña nuestro bienestar emocional, sino también nuestro cuerpo, nuestras relaciones y nuestra productividad.

  • Físicamente, puede manifestarse en insomnio, enfermedades psicosomáticas y agotamiento.

 

  • Emocionalmente, nos conduce a la ansiedad, la depresión o la ira reprimida.

 

  • Relacionalmente, nos vuelve reactivos, desconfiados o dependientes.

 

  • En nuestro propósito de vida, nos estanca, nos desconecta de lo que realmente importa.

 

El sufrimiento sostenido erosiona nuestra capacidad de disfrutar, de confiar y de construir. Pero no tiene por qué ser así.

Superar el sufrimiento no significa ignorarlo, minimizarlo o forzarnos a “ser positivos” sin más. Significa asumir la responsabilidad de cómo respondemos a lo que nos duele. Aquí algunos caminos eficaces para lograrlo:

1. Acepta la realidad tal como es

La aceptación no es resignación, es comprender que luchar contra lo que ya sucedió solo incrementa el dolor. Aceptar es el primer paso hacia la transformación.

2. Cuestiona tus pensamientos

No todo lo que piensas es cierto. Muchas veces sufrimos por las interpretaciones, no por los hechos. Pregúntate: ¿Qué historia me estoy contando? ¿Hay otra forma de ver esto?

3. Suelta el control

Hay cosas que no puedes cambiar, y está bien. Soltar no es perder, es liberar energía para enfocarte en lo que sí puedes transformar.

4. Practica el perdón

Perdonar no es justificar. Es liberarte del peso emocional del rencor. A veces el perdón más importante es hacia ti mismo.

5. Enfócate en el presente

El sufrimiento vive en el pasado que lamentas o en el futuro que temes. El presente, por difícil que sea, es siempre más habitable que una mente desbordada.

6. Busca apoyo

Hablar, compartir, pedir ayuda no es debilidad, es inteligencia emocional. Terapia, coaching, amigos o grupos de apoyo pueden ser faros en medio de la tormenta.

7. Crea nuevos significados

Todo dolor puede enseñarte algo. Toda pérdida puede abrir una nueva dirección. Todo error puede ser un peldaño hacia la sabiduría.

Hay una frase atribuida a Viktor Frankl que dice: “Entre el estímulo y la respuesta hay un espacio. En ese espacio reside nuestra libertad y nuestro poder para elegir nuestra respuesta. En nuestra respuesta reside nuestro crecimiento y nuestra libertad.”

No eliges siempre lo que te pasa, pero sí cómo lo enfrentas. Y si eliges dejar de sufrir, aunque duela, aunque cueste, ya estás en el camino hacia una vida más plena.

Muchas personas sufren, incluso, porque no quieren que otros se enteren de su sufrimiento lo que es aún más grave, ya que puede desencadenar comportamientos nocivos que pueden atraer peores consecuencias.

Decir “sufres porque quieres” no es una condena, es una invitación a hacerte cargo, a dejar de esperar que cambie lo externo y comenzar a cambiar tú por dentro.

Una invitación a abrazar la vida con todo lo que trae, con valor, con conciencia, con amor.

Te insto a superarlo, no porque el sufrimiento no sea real, sino porque mereces vivir plenamente, sin cadenas ni ataduras.

Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento.”

– Viktor Frankl.


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