Piénsalo tres veces
Emprendurismo con con sentido social
Francisco Javier Rauda Larios
“La mejor forma de predecir el futuro, es crearlo.”
– Peter Durcker.
Hace algunos años, en el 2019 para ser exactos tuve el honor y el gusto de impartir una conferencia en la Universidad Autónoma Intercultural de Sinaloa, en el “I Coloquio Nacional de Ciencias Económico-Administrativas: ‘Competitividad e Innovación en las organizaciones hacia la transformación de los entornos interculturales sustentables’”, la cual, debo decirlo, está ubicada en un maravilloso lugar con una historia increíble y una belleza particular llamado Mochicahui.
Bueno, como ya podrá imaginarse amigo lector, la conferencia se tituló: Emprendurismo con sentido social: Uniendo mente, corazón y manos.
Y, a pesar de los años transcurridos, siento que el tema, salvo su mejor opinión, amable lector, sigue siendo relevante y trascendente.
Después de esta breve introducción a manera de contexto me permitiré entrar en el tema en cuestión.
Como diría la Sra. Mercedes Sosa, “Cambia, todo cambia” y el emprendurismo no es la excepción. Desde mi óptica particular, hoy más que nunca necesitamos una nueva generación de emprendedores. No solo creativos o valientes, sino comprometidos con el bienestar común. Porque ya no basta con tener éxito: el reto del siglo XXI es tener un éxito con propósito, un emprendurismo con sentido social.
Emprender con sentido social no se trata solo de hacer negocios. Se trata de responder un par de preguntas profundas, que bien pueden caber en una sola:
¿Desde dónde estoy creando?
¿Desde el ego o desde la conciencia de que soy parte de un todo?
El emprendedor social no solo ve clientes, ve personas. No solo busca beneficios, busca impacto. Y no solo piensa en el hoy, piensa en el futuro que está ayudando a construir. Se convierte así en puente entre lo que la sociedad necesita y lo que el corazón desea aportar.
Según la Teoría U de Otto Scharmer, del MIT. Con quien, paréntesis aparte, tuve el honor y gusto de tomar un curso excepcional, el punto ciego de nuestro tiempo es la intención desde la que operamos. Muchas veces actuamos desde el hábito, desde la costumbre de competir, de “ganar a toda costa”. Pero ¿qué pasaría si operáramos desde la empatía, desde la escucha profunda, desde la posibilidad de cocrear un futuro mejor para todos?
Y, para ampliarle el panorama querido lector, ahondaré, sin explayarme demasiado, en los cuatro niveles de escucha, que todo emprendedor consciente debe conocer y practicar, según el Dr. Scharmer:
Nivel 1: Escucha desde el hábito
Este es el tipo de escucha más superficial. Ocurre cuando solo oímos para confirmar lo que ya creemos. Es la típica reacción de “sí, ya lo sé” o “eso no aplica para mí”.
Como emprendedor, si solo escuchas desde el hábito, corres el riesgo de ignorar señales importantes del mercado, las verdaderas necesidades de tus clientes o incluso buenas ideas de tu equipo. Escuchar desde el hábito es como mirar el mundo con filtros que distorsionan la realidad, encerrándote en una zona de confort disfrazada de experiencia.
Nivel 2: Escucha desde afuera
Aquí ya damos un paso más. Comenzamos a prestar atención a los hechos, a lo que se dice “en serio”, sin tantos filtros.
Escuchar desde afuera implica recopilar información objetiva, comparar datos y notar diferencias. En esta fase se valora más la evidencia que la opinión. Para el emprendedor social, este nivel es clave al momento de diseñar soluciones reales: observar qué pasa en la comunidad, hacer estudios, encuestas o entrevistas. Es cuando empezamos a mirar el mundo tal como es, no como quisiéramos que fuera.
Nivel 3: Escucha desde adentro
Este es el nivel de la empatía. Implica ver a través de los ojos del otro, sentir con el corazón abierto y conectar emocionalmente con la experiencia del otro. Ya no solo analizas datos, ahora entiendes personas. Es el momento en que comprendes por qué una madre soltera lucha cada día, o por qué un joven de barrio sueña con emprender aunque no tenga nada.
Esta escucha abre el alma del emprendedor social, porque lo conecta con las verdaderas motivaciones para actuar. Desde aquí surgen ideas con corazón, proyectos con alma.
Nivel 4: Escucha desde la fuente
Este nivel es el más profundo y poderoso. Es una escucha que no solo se dirige hacia los demás, sino también hacia uno mismo. Es conectar con el futuro que quiere emerger a través de uno mismo. En palabras simples: es cuando “algo” te dice que estás llamado a crear algo distinto. Cuando una idea se siente más como una misión que como un plan.
Esta es la escucha generativa, la que inspira a crear emprendimientos que no solo solucionan problemas, sino que cambian paradigmas. Desde aquí nacen los grandes movimientos sociales, los negocios con impacto global, y los emprendedores que inspiran a generaciones enteras.
Como decía Víctor Hugo: «Son las ideas, no las máquinas, las que mueven al mundo.» Pero una idea con propósito tiene mucho más poder. Porque cuando se cree en algo más grande que uno mismo, aparece el coraje para intentar, fallar, aprender y volver a intentar.
Y en un país como México, el contexto está listo para una transformación:
- Según el INEGI, el 4% de la población ocupada en México trabaja por cuenta propia o en micronegocios.
- El 68% de los emprendedores lo hace por necesidad más que por oportunidad (Global Entrepreneurship Monitor 2023).
- Solo el 15% de las nuevas empresas sobreviven más de 5 años. Pero las que tienen un propósito social claro tienen el doble de posibilidades de consolidarse (McKinsey, 2022).
Luego entonces, la respuesta a la siguiente pregunta se da prácticamente en automático.
¿Por qué emprender con sentido social?
Porque cuando el para qué es más fuerte que los obstáculos, aparece la pasión. Y cuando esa pasión tiene impacto social, se convierte en motor de cambio.
- Porque tú vales más que un sueldo.
- Porque tu talento puede mejorar vidas.
- Porque el mundo necesita ideas que sanen, no solo que vendan.
Y se preguntarán muchos, muy probablemente…
¿Y si fracaso?
No pasa nada.
Y cito tal cual lo dije en la conferencia:
Más vale intentar y fracasar, que nunca haber intentado.
Cada intento te hace más fuerte, más sabio y más conectado con lo que viniste a hacer a este mundo.
Emprender con sentido social no es solo una forma de ganarse la vida. Es una manera de darle sentido a la vida. Se trata de abrir la mente, el corazón y la voluntad. De escuchar más allá de lo evidente. De pasar del ego-sistema al eco-sistema. De no pensar solo en el beneficio personal sino el bienestar de todos, incluido, aunque me duela dudarlo, nuestro “amado” planeta.
Así que si tienes una idea, un sueño, una causa que te mueve… hazlo realidad.
Pero hazlo bien. Hazlo con propósito. Hazlo con sentido social.
El futuro está en tus manos, decídete a crearlo.
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