Prevenir la tragedia.

José Juan Marín

 

El reciente tiroteo perpetrado en Teotihuacán y en Lázaro Cárdenas ha puesto en el centro del debate la crítica situación de la salud mental en México, lo ocurrido no debe mirarse solo como una nota roja más.

La prevención no comienza el día del ataque: comienza mucho antes, en la infancia, en la adolescencia, en el hogar, en la escuela y en la forma en que una sociedad escucha, lo anterior por las siguientes razones:

Uno. Nos urge dejar de pensar que la salud mental solo importa cuando alguien “ya está mal”.

Dos. La salud mental se cuida en la conversación diaria, en la mirada atenta, en el afecto constante, en poner límites con amor, en enseñar a nombrar emociones, en acompañar la frustración, en detectar obsesiones, retraimiento, ideación violenta, desesperanza o desconexión profunda.

Tres. Saber con quién hablan nuestros hijos, qué consumen, qué los obsesiona, qué les duele, qué callan, qué tipo de ideas comienzan a romantizar y qué heridas están creciendo en silencio.

Cuatro. Nuestra niñez y jóvenes no solo necesitan disciplina o reglas; necesitan pertenencia, escucha, contención, referencia moral, comunidad y amor. Necesitan adultos disponibles, no solo adultos presentes físicamente. Necesitan saber que pedir ayuda no los hace débiles, y que sentir tristeza, enojo, vergüenza o confusión no los vuelve peligrosos: lo peligroso es cuando se quedan solos.

No podemos prevenir toda tragedia, pero sí podemos construir entornos más sanos, más atentos y más humanos. Escuchar más. Ridiculizar menos. Acompañar más. Ignorar menos. Hablar más de salud mental. Fortalecer más la crianza. Amar más y mejor.

Porque La Paz social no empieza en las instituciones. Empieza en el hogar, en el vínculo y en la manera en que cuidamos el mundo emocional de nuestras infancias y juventudes.

 

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