K’uínchekua

La Fiesta de Michoacán muestra al mundo la riqueza de la cultura purépecha, a través de su música, sus danzas y tradiciones.

Por: Tranquilino González Gómez

Si bien las presentaciones de obras que buscan dar a conocer las tradiciones y arte de los pueblos purépechas son parte de una forma de mantener viva su cultura, y desde luego también alentar el turismo y la economía de Michoacán, lo cual resulta una actividad digna de ser reconocida, sin embargo no es suficiente para sostener y alentar la identidad de los purépechas, que requieren de apoyos  más desde las raíces mismas de sus pueblos, en donde se aborde la conservación de sus usos y costumbres, sus tradiciones, su música y sus danzas, conservando su originalidad, y sin menoscabo de la integración de sus gentes a la modernidad y sus instrumentos científicos y tecnológicos, como se pretende hacerlo a través de una universidad que la que ya tienen Pichátaro.

Como un espectáculo turístico para dar a conocer las tradiciones, los usos y costumbres de la cultura Purépecha, a través de la belleza de los diferentes trajes típicos de las cuatro regiones que se reconocen de acuerdo a donde habitan los purépechas, y en un escenario esplendoroso de las yácatas de Tzintzuntzan, se dieron cita visitantes principalmente de los estados vecinos de Michoacán, deseosos de disfrutar de esta fiesta michoacana que sirve de escaparate para mostrar a México y al mundo, la diversidad y calidad de las expresiones culturales de nuestros pueblos de Michoacán.

En un primero momento es muy importante hacer una gran difusión de los Nocheros de Nurio, ver a los ya más conocidos viejitos de lo que fuera en otros tiempos la isla de Jarácuaro o a los viejitos de Charapan, los toritos de petate, la danza de los panaderos de Tarecuato, los kúrpites de San Juan Nuevo, así como escuchar a la Orquesta Filarmónica de Tzintzuntazan, hace falta no sólo hacerles un reconocimiento a  Pireris como Aurelio de la Cruz, Pedro Dimas Aparicio, Atilano López Patricio, a danzantes como Nana Paula Cázares López que tiene ya 101 años de edad, y desde luego a gentes como la uruapense Sayda Marina Rico, promotora de la cultura purépecha. Ahora hay que ir directamente a apoyarlos a sus comunidades más allá del espectáculo.

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