Por: Neftalí Coria


Las nuevas políticas “correctas”que han cuajado en leyes como la ley antitabaco, todavía tienen un escollo que merece fuertes cuestionamientos. Y me referiré a la extensión de sus restricciones que afectan al teatro. Ya después podremos hablar hasta de la obra de Rene Magritte “Ceci n´est pas une pipe«, que como suceden los absurdos, a lo mejor –no lo dudo–, nos prohiben verla y lo que es peor, condenan al pintor –pieza clave del Surrealismo– porque ¡Cómo pudo ocurrírsele, plasmar una pipa donde se fuma, objeto de lo incorrecto, sacrilegio que atenta hasta la salud pública! Por lo menos –no lo duden–, en cualquier momento, ya no la exhibirán (por fortuna yo ya la vi).

Otro caso aberrante, es la decisión del grupo Café Tacuba, de sacar de su discografía una canción que “ofendía” a las mujeres por los adjetivos que utilizaba contra la mujer, pero como los hombres, las mujeres así como decía la canción, también lo son y merecen adjetivos como los que “ofendieron” a las santísimas. La canción fue escrita por razones naturales de carácter, circunstancias y libertad de nombrar lo que quien la compuso, sabe del mundo y vivió en el mundo real. He conocido mujeres que ya no leen a los hombres, porque les basta encontrar en su obra, una astilla de machismo –así ocurra en el siglo XVI–, lo repudian (Shakespeare perdiendo lectoras). Así los absurdos en ausencia de Ionesco en nuestro tiempo. Pero a lo que voy:

Una de mis obras de teatro se presentará en la Ciudad de México con un elenco que coordina, quien estrenara dicha pieza, allá por 1986: la magnifica actriz Carmen Calderón, quien en otros tiempos trabajara con el legendario Julio Castillo, que sus montajes dieron al teatro mexicano alcances de la mayor importancia estética. La obra –es importante decirlo– fue escrita en 1984 y que saldría de un taller al que yo acudía con Vicente Leñero, con quien se trabajó el monólogo. El personaje es una mujer que tiene frente a su soledad, el cadáver de su marido y en un raptus que la lleva a la embriaguez necia, reclama todo lo que aquel marinero, le hizo y deshizo.

En la trama, hay una escena donde el personaje fuma en revancha que el marido no le permitía fumar. Ella en reclamo, enciende un cigarrillo, le arroja el humo en la cara, le dice que ahora fuma y bebe delante suyo; actos que aquel –ahora muerto– no le podrá impedir. Pero oh, sorpresa, ahora para tal función, le anticipan a la Compañía, desde la institución organizadora, que en el teatro “no se fuma”, y entiendo que la prohibición antitabaco del teatro, va para personas que asisten a ver la obra, para equipos técnicos y demás personas reales en donde se presentará la función dentro de este evento nacional. “No se puede fumar en el teatro”, ha sido la restricción, pero tal restricción, va también para el personaje… ¿Le prohíben fumar a una mujer que no pertenece a la realidad que está bajo esta ley? Una mujer que no es de este mundo, sino pertenece a las tierras de la ficción? ¿Cuál será el argumento jurídico, para que la ley antitabaco alcance a todos los personajes de ficción, incluyendo a un personaje de Ernesto Sabato –de quien hago una adaptación para llevar a escena este 2025– que fuma? ¿O será tan poderosa esa ley que prohiba a los venerables personajes de Dostoievski, abandonar sus pipas y cigarrillos modelo siglo XIX, o enlaten la película, “Sin aliento” de Jean Luc Godard, en la que Alain Delon, representa un personaje que fuma durante toda la cinta? No dudo que haya quien desarrolle ideas para estos fines porque crea que así debe ser.

Mi personaje fuma en escena. Lo único real es el cigarro encendido y sirve para que su historia tenga un mayor efecto. Pero le han anticipado a la Compañía que “no se puede fumar” y en consecuencia ¿Habrá que modificar el texto y la escena, para ser obedientes a tan absurda determinación? Me temo que sí. Ningún personaje fumará más bajo esta ley, y todos aparecerán en escena, como seres domésticos y domesticados por una ley que arrasa con los fumadores de la realidad. ¡¡Pero es el personaje representado quien fuma!! Es representación de un acto de la realidad, como puede ocurrir con el uso de fuego en la representación de un incendio o en una historia donde usen antorchas. ¿Habrá un apartado en la ley que prohiba a los personajes de ficción que serán sancionados por la ley si acaso se del ocurriera fumar? ¿A quién sancionarán?

El teatro representa la realidad de otro tiempo, es un viaje en el tiempo y en las historias que los dramaturgos han imaginado y escrito. No es posible –gracias a una ley de este tiempo– erradicar, lo que en plena libertad los personajes ejecutan como una acción más en su vida que tenemos derecho de verlos representados.

No dejo de creer que restringir algunas libertades, y meter en camisas de fuerza a la sociedad, para que –bajo tales leyes–, como las que han prosperado que protegen animales hasta volverlos personas, puedan dar frutos para que la libertad humana, siga siendo un derecho. Y así como, las modificaciones –ya en uso con calzador político– en el lenguaje “inclusivo”, habrá nuevas leyes que quiten briznas de libertad, en lugar de promover una mejoría de la conciencia ciudadana en la educación y las costumbres desde la raíz, para que los ciudadanos, sin renunciar a su libertad lingüística ni de ningún otro tipo de libertades, puedan vivir sin demasiadas prohibiciones, que ahora es la visión del poder en el mundo: Hay que prohibir para la felicidad ciudadana.

Habrá otros puntos de vista distintos, pero ahora, yo me opongo categóricamente, a que los ficticios personajes de teatro, dejen sus acciones, por la prohibición de leyes que no fueron hechas para ellos y los dejen libres y completos, para que sigan viviendo en su ficción, como fueron escritos y que los dejen fumar en paz.

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