MORELIA A 485 AÑOS
José Juan Marín
Hoy a 485 años de su fundación no se trata de que Morelia intente ser una Ciudad Moderna, sin imaginación y visión suficientes para llegar a serlo.
Tampoco se trata de que Morelia asuma en falso una condición moderna que no tiene.
A lo largo de la historia, esto es cierto, Morelia ha dudado entre seguir siendo una ciudad colonial, tradicional y Señorial, o ser en los hechos una ciudad plenamente moderna.
La gran distorsión de la pretendida modernidad de nuestra ciudad, radica en creer que basta usar la palabra modernidad para ser y sentir que en realidad se es moderno.
La ambivalencia es peligrosa cuando hablamos de ciudades, si no se sabe distinguir entre lo que es ser “castizo” y lo que es ser moderno.
Dicho en otros términos, Morelia debe seguir siendo una ciudad colonial y Señorial, emparentada con sus grandes tradiciones históricas, pero sin renunciar por ello a ser una gran ciudad, una metrópoli moderna.
El sincretismo consiste en no dejar de ser la ciudad de “párpados rosados” que cantó en sus versos el Poeta Pablo Neruda, pero, al mismo tiempo, en aspirar a ser la “ciudad grande y con voluntad de vuelo” que perfiló en sus letras el poeta Octavio Paz.
La modernidad no es sólo un vocablo, una condición del aire ni un ropaje exterior, porque la modernidad implica eficiencia en el arte de gobernar, y el arte de gobernar significa servicios modernos y de calidad, agilidad y eficacia para responder a las demandas de la población.
Una ciudad moderna no puede ser aquella que satura y adorna su lenguaje con la palabra modernidad, sino aquella que tiene gobiernos que entienden que la modernidad es eficiencia, eficacia y agilidad en la solución de los problemas públicos.
