Altar de la Indolencia
Poema 11
Luis Girarte Martínez
Guardián de la sorpresa,
aunque no me lo creas,
te bendigo.
Tienes el bien ceñido a la mirada.
Tienes la señal del adiós sellándote los labios
y te quema los ojos el fuego de la vida.
Eres como el martillo de la historia,
como el marro del tiempo,
como la piedra de los desengaños.
Eres
el defensor de los niños en sitios de abandono,
el protector de los hombres irredentos
y patrón del abuelo sin salario.
Tú permites que crezca, para otros,
distancia y horizonte.
Vendimiador de la justicia,
en la pira de todos tus delirios,
el tronco de mi cuerpo
también se está quemando.
