Tranquilino González Gómez

 

Este tercer domingo de junio se celebra el Día del Padre, no con tanta vehemencia como sucede con el Día de la Madre, pero si con el reconocimiento a quien es el otro firme soporte de la familia. Sin embargo, en los cambios que experimentan nuestras sociedades ya se percibe al Padre de manera diferente.

 

Felicidades a todos los Padres de Familia en su día, y que este próximo domingo la buena relación de los hijos y su pareja, permita nuevos horizontes en estos momentos en que el amor y la sabiduría resultan tan necesarios

 

Antes el Padre era el proveedor de la familia, y hoy la aportación de la madre, aunado a la equidad de género, vienen cambiando las tradicionales familias sobre todo por la enorme influencia de los medios de comunicación en donde los celulares, son grandes limitantes en la comunicación directa que antes se tenía en la familia.

 

La célula familiar enfrenta profundos cambios, ya que los hijos reclaman desde niños sus derechos y buscan ejercer desde jóvenes una mayor libertad, con los pros y contras que esto conlleva. El modelo de las familias mexicanas se ha dejado influenciar por la de nuestros vecinos de Estados Unidos, ya que son el referente que siguen nuestros jóvenes en México.

 

La célula familiar es la piedra angular de nuestra sociedad. El hambre y la pobreza, las guerras, la violencia y la desintegración de las correctas relaciones humanas son las causas del hundimiento de toda una civilización que viene perdiendo el valor de la vida, el valor de la verdad, la alegría de vivir y el gusto por la belleza de nuestra naturaleza. Ya no nos ocupa ni no preocupa la piedra angular en que descansa toda la alegría de la sociedad: la célula familiar.

 

Cuando un edificio se agrieta, refieren los sabios de todas las épocas, no es bueno disfrazar las fracturas; es necesario revisar la construcción y verificar la solidez de las piedras angulares, y reemplazarlas si es necesario. La función de seguridad y disciplina que representaba antaño el padre de familia, se ha venido deteriorando, a tal grado que los hijos hoy sin mayores responsabilidades se sienten dueños de su libertad, que mal empleada lleva al libertinaje.

 

Los niños requieren de una formación que establezca los principios y valores que serán fundamentales en su vida futura. El amor y los derechos están ligados necesariamente a las obligaciones que cada miembro de la familia debe asumir, más allá de los derechos legales que se reclaman en lo particular. El padre es la cabeza del hogar y la madre es el corazón, si están en problemas no se tendrán las condiciones para formar realmente una buena familia.

 

Entender que los hombres y las mujeres somos diferentes, no significa que no tengamos los mismos derechos. Igual sucede con la mayoría de los seres humanos cuando se pretende homogenizarlos y tratarlos como si todos fuéramos iguales. Cada ser humano es único, por eso somos individuos. Tenemos los mismos derechos todos los seres humanos, pero hay que explorar y trabajar las capacidades y potencial que tiene cada uno en lo particular.

 

La educación inicia en la familia, pero se recoge de las vivencias y experiencias sociales, por lo cual el estado tiene grandes responsabilidades en la educación de las familias, acorde a los intereses y valores de nuestra nación mexicana.

 

 

 

 

 

 

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