Dos guerras y un camino: error de cálculo
José Juan Marín
Hoy, la guerra con Irán no gira en torno al campo de batalla, sino a un error de cálculo. Washington apostó por una operación rápida y decisiva para forzar la capitulación del régimen iraní. Es la misma lógica que llevó a Vladimir Putin a creer que bastaría con avanzar sobre Kyiv para doblegar a su adversario. Donald Trump pecó de lo mismo: confundir poder con control. Permítanme comentar por qué:
Uno. En lo táctico, la operación Furia Épica fue contundente. Pero las guerras no se definen por el golpe inicial, sino por lo que sobrevive.
Dos. El régimen iraní, aunque golpeado, sigue en pie porque no busca ganar, sino encarecer el conflicto. Al tensar el estrecho de Ormuz, Teherán convierte el petróleo en un instrumento de presión global.
Tres. A esto se suma una lección incómoda que viene de Ucrania: la guerra ya no la gana quien tiene más tecnología, sino quien puede prolongarla con menos recursos. La nueva era de las guerras de desgaste se libra con drones baratos frente a interceptores millonarios, una ecuación diseñada para agotar a la superpotencia.
Cuatro. Objetivos como el cambio de régimen y el desmantelamiento nuclear han ido desapareciendo del discurso triunfalista de Trump para dar paso a llamados a la negociación.
Cinco. El problema también es político. Esta no es una guerra legítima a los ojos de la ciudadanía estadounidense.
Irán reúne hoy todos los elementos para convertirse en una trampa para Estados Unidos, como Ucrania lo ha sido para Rusia. Con posturas cada vez más irreconciliables, el estancamiento parece haber dejado de ser una posibilidad para convertirse en la inercia natural del conflicto.
Vaya lectura de estos errores de cálculo para el mundo y para nuestro país.
