José Juan Marín


En el mundo una sociedad se descompone -o puede descomponerse- de muchas maneras, cuando un conjunto de factores la divorcian de sus valores universales, la ingresan en una crisis de autoestima y confianza y activan en ella, por decirlo así, el germen de la autodestrucción que vulnera sus sueños y capacidades, considerando lo siguiente:

 

Primero. El fracaso espiritual lleva a la antesala de otros fracasos, incluido el material: no saber quién se es ni a dónde se va conduce a la parálisis del ánimo, a no saber qué hacer y a no acertar a encontrar nuestro lugar en el mundo.

 

Segundo. Precarizar al hombre es el camino más corto para someterlo y controlarlo, porque sin satisfactores vitales se agudiza en él, el instinto de sobrevivencia, que a su vez engendra el individualismo agresivo de la lucha por el pan, el empleo y las oportunidades de desarrollo, donde el egoísmo insolidario se vuelve la piedra de toque de las relaciones sociales.

 

Tercero. La falta de ancla en el mundo y el no-saber-qué-hacer donde radican el caos y la confusión social reinantes; a su vez, son el caos y la confusión social los climas donde afloran y se reproducen con mayor fuerza los rasgos del individuo, de la sociedad.

 

Cuarto. A estas alturas, viendo cómo avanza el fantasma del deterioro, a muy pocos les queda duda que las matanzas por ajustes de cuentas y las masacres por el control de plazas son una de las manifestaciones más evidentes de la descomposición que padecemos.

 

Es en sociedades en crisis de ajuste donde más se ocupan instinto, astucia, aptitud e inteligencia para sobrevivir.

 

Deja un comentario