José Juan Marín


Estos son tiempos convulsos, tiempo que ya nada sorprende, tiempo de los Trumps; pero también tiempo de recordar que el respeto es general y transversal, pues además de ser un valor y un principio aplicable a todos los aspectos de la vida, puede ser analizado desde la religión, las normas de urbanidad, la política, la educación, la filosofía existencial y cualquier otra disciplina que tenga estricta relación con la dinámica de lo humano.

Al margen del sólido edificio conceptual que, desde casi cualquier disciplina, podría abordar el respeto y el lugar que el tema ocupa en nuestra sociedad, creo que tratarlo como un valor y una rama de la Bioética podría resultar muy interesante.

Si “dar es recibir”, de acuerdo con Francisco de Asís, todo aquel que da respeto lo recibirá en correspondencia, por ese Karma que indica que todo lo que damos lo recibiremos como un guiño o un eco del universo.

El respeto es básico en un círculo de amigos, tanto para conservarlos como para multiplicarlos y hacer que la amistad tenga el valor agregado de la calidad.

El respeto es esencial en un centro de trabajo, no sólo porque es la base de la confianza y la armonía en las relaciones interpersonales, sino porque todos los valores alrededor del respeto se traducen en un buen ambiente de trabajo y en productividad.

De todas las frases que dijo o que se atribuyen a Benito Juárez, la mejor es la más conocida, en un anuncio luminoso: “El respeto al derecho ajeno es la paz”.

Con estricto rigor, habría que decir que la frase fuente no es propiamente de Juárez, sino del teólogo Santo Tomás de Aquino, aquel doctor de la Iglesia que escribió la magna “Summa Teológica”, en la que aparece la frase completa: “Entre los hombres como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”.

No es un pecado de herejía ni de blasfemia que, a Don Benito Juárez, quien leyó en el seminario a Santo Tomás, le haya gustado la frase y la haya hecho suya ipso facto. Fue útil para su discurso y para la cultura política de su tiempo, lo cual no es pecado venial ni majadería ni cosa por el estilo.

La cuestión es el respeto al otro cuando hablamos, cuando escribimos, cuando pronunciamos un discurso y cuando manejamos una estadística como si fuese un grano de la piedra filosofal o una pieza de dogma.

La Bioética no es una filosofía de marcianos o para seres astrales, sino una filosofía de normas y principios de vida aplicables a gobernantes y ciudadanos.

El respeto nunca pasa de moda, porque jamás ha sido ni es una moda: su problema es que como atributo educativo de época es un bien perecedero.

Por eso, hay que insistir con reiteración y exigir hasta el cansancio, que tenemos derecho a la verdad sobre lo que ocurre, del mismo modo en que tenemos derecho a ser respetados.

Deja un comentario