Fanciulla Che Scrive (Doncella Escribiendo)

escultura en mármol blanco de Giovanni Spertini (1866)

Doncella escribiendo

Estefania Riveros Figueroa

A finales del siglo XIX, Europa se contagió de la fiebre por revivir el pasado clásico y con él, muchas artes y ciencias. Hubo un auge en la Geología, la Arqueología y por supuesto, en la escultura. Las figuras clásicas de la Antigüedad: Roma y Grecia, principalmente, fueron las dos principales fuentes de inspiración para las creaciones de los artistas y el mármol resurgió como el material en boga para hacer estatuas, bustos y frontispicios.

Es en esta época cuando surge la escala de Mohs, inventada por el geólogo alemán Friedrich Mohs, quien diseñó un parámetro para definir la dureza de los materiales. La escala de Mohs no es la única que permite medir la dureza de las piedras, pero es de las más fáciles de memorizar y por su practicidad, muchos geólogos la emplean. Su principio básico es el siguiente: la dureza de una substancia quedará definida por su capacidad para rayar a otras piedras, pero no al revés. Lo que no es duro, entra por tanto en la categoría de blando y, por lo tanto, muy susceptible de ser rayado por otros materiales. El mármol es un material que permite ser rayado con relativa facilidad, lo que lo convierte en un material idóneo para las esculturas, ubicado en la escala de Mohs entre un tres y cuatro.

En esta ocasión haremos écfrasis sobre la escultura titulada «Doncella escribiendo» (Fanciulla che scrive) es una célebre obra de mármol blanco de tamaño natural creada en 1866 por el escultor italiano Giovanni Spertini (1821-1895). La escultura original a tamaño natural se encuentra en la Galleria d’Arte Moderna en Milán, Italia y posee una reproducción a una escala menor que fue subastada hace unos años por Sotheby’s.

En la escultura se nos muestra a una joven de cabellos largos y ondulados, sentada frente a una mesita, que escribe con papel y lápiz (inexistente) en mano, varias hojas. Por su postura y su atavío, sabemos que es de noche. Recordemos que en el siglo XIX los cánones sociales imponían un protocolo riguroso en el peinado de las mujeres, permitiendo a las jóvenes y solteras llevarlo suelto y decorado con lazos, simbolizando pureza e inocencia. Una vez que una mujer se casaba, nunca debía mostrar su cabello suelto en público, pues se consideraba pecaminoso y escandaloso, considerando el cabello largo y suelto como el máximo atributo de feminidad. Salvo dentro de las paredes del hogar, las mujeres casadas debían llevar el cabello recogido en trenzas o moños bajos. Pero en este caso, se trata de una doncella que escribe, con el cabello despeinado, va descalza y la curvatura de su espalda nos transmite la idea de concentración y enfoque que está dirigiendo hacia su escritura.

Su ropa de noche cae despreocupadamente por su hombro izquierdo, mientras un bucle se desenrolla sobre su clavícula, como si la protagonista no se percatara que, por la emoción de la escritura, la tela va resbalando. Este detalle junto con el gesto de la inclinación de su cabeza hacia el folio, nos introduce en un ambiente íntimo, como si estuviéramos espiando el momento justo en que ella se levanta agitada de noche, para escribir ¿Tal vez una carta? No creo que lo sea, primero porque son varias hojas las que tiene bajo su mano, sería una carta demasiado larga y segundo, porque el resto de la escena no nos sugiere nada romántico, no hay flores cerca, ni relicarios, parece que se despertó a escribir por alguna razón… ¿Por qué lo habrá hecho?, ¿Es en la noche cuando se le ocurrió una respuesta que no podía esperar a la mañana para ser escrita?, ¿Resolvió en su mente una cuestión que debía imperativamente escribir?, ¿O en el silencio de la noche se concentra mejor para escribir sus confidencias? O tal vez sea una resolución intelectual que la mantienen en vilo… No lo sabemos, no nos es posible asomarnos a la hoja que escribe, pero no es necesario hacerlo del todo para percibir que ella está escribiendo sumergida en la pequeña mesita que el escultor tuvo a bien decorar con lo que parece una carpeta de encaje que cuelga de su circunferencia primorosamente, añadiendo a la composición ligereza, aunque se trate todo de un trabajo hecho en piedra.

La importancia de esta escultura no es menor, no solamente por lo estético de la escena, la ligereza e intimismo de la obra reflejan un tema aún más extraño de ver: una mujer que escribe. Lo común es que se retratase a las mujeres haciendo labor de costura o cocinando. En el siglo XIX las tasas de alfabetización entre las mujeres eran bajas, comparadas con la actualidad. Esto nos lleva a pensar que la doncella retratada no era campesina ni provenía de un estrato bajo, si no que ella tenía acceso no solamente a lápices y hojas de papel, artículos caros en esa época, si no también, que había recibido educación, seguramente, privada.

La maestría del trabajo en mármol de esta obra deja al espectador boquiabierto. Observemos su asiento: Las patas torneadas del taburete, contrastan con lo mullido del cojín, del cual cuelga un profuso fleco de hilos, que el escultor lleva al nivel siguiente, incluyendo que algunos flecos aparezcan “despeinados”, lo cual denota la calidad de observación y atención al detalle que tenía Spertini, quien realizó sus estudios en la Academia Brera bajo la tutela de Benzoni, Labus y Magni, igualmente grandes escultores de su época. Sin duda, una obra digna de admirarse.

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