La educación en el desarrollo de las personas y los pueblos

Por: Julián Rodríguez Sesmas

En nuestro país hablando del tema educativo se han establecido etapas que facilitan el concatenamiento evolutivo de esta importante actividad, así podemos hablar de la educación prehispánica, la colonial, la del México independiente, la etapa que parte de la promulgación de la constitución de 1917 que pudiéramos llamar moderna y la etapa contemporánea.

En virtud de que estas etapas podemos investigarlas con amplitud y profundidad en la historia de la educación en México, invito a todas y todos los que deseen participar en este espacio que gentilmente nos proporciona este portal de Unanimidad, para que publiquen lo que consideren mas importante de cada una de las mencionadas etapas.

En la educación se tiene, todos lo sabemos, el vínculo entre los valores de una sociedad y las conciencias que empiezan a formarse. Sutil pero profundamente, la educación es reproducción social; en ella se garantiza el tránsito de los valores colectivos de una generación a otra y se potencia, al mismo tiempo, la capacidad social de ajustarlos a las nuevas realidades y proyectarlos conforme a las exigencias que empiezan a configurar nuestro futuro cercano. Por ello, ninguna sociedad puede renunciar, salvo por escasa visión o por incomprensión de su historia, a su derecho a normar, actualizar y proyectar la educación de sus miembros, menos una sociedad nacional que se dispone a entrar, como es el caso de nuestro país, a nuevas fases, seguramente mas complejas de su desarrollo.

En este contexto es pertinente una evaluación de la política educativa mexicana desde la revolución, como punto de partida, es en la política educativa y sus efectos donde se concentran lo que una sociedad se ha dado para la formación de sus miembros y donde, finalmente se expresa la concepción que la sociedad tiene de sí misma y de sus aspiraciones como nación.

Dentro del marco del articulo 3° de la constitución de 1917, que da al estado el tutelaje de la educación nacional, la política educativa mexicana ha sido definida conforme a los criterios básicos que pueden observarse desde la creación en 1921, de la Secretaría de Educación Pública; uno de cantidad, que postula el acceso de toda la población a la educación, y otro de calidad, que atiende a la necesidad de mejorar constantemente el nivel de la educación impartida por el estado.

El criterio de cantidad se asocia a una consideración de justicia social que ve en la educación una vía fundamental de acceso a mejores niveles de vida.

Pero tiene que ver también, y esto a ocurrido en todas las naciones modernas como una necesidad básica del estado, no siempre explicita, que es la socialización y preparación del individuo conforme a los valores y lineamientos de nuestro proyecto nacional de desarrollo.

Extender la educación del estado al mayor número de individuos ha significado, de entrada, la oportunidad de hacer presente al estado y, de manera precisa, su proyecto de nación en un ámbito poblacional cada vez mas amplio, favoreciendo la posibilidad de apoyar y fortalecer, a través de un mayor consenso popular sus objetivos y sus bases de legitimidad.

El criterio de calidad por su parte, aunque comprensible en abstracto, encierra dificultades de precisión en su aplicación a la realidad. Una política educativa que aspire a elevar efectivamente la calidad de la educación solo puede partir de una adecuada evaluación de los múltiples factores socioeconómicos y culturales que inciden en la vida del educando, determinando hábitos y actitudes, que se dan dentro y fuera del salón de clases. Así mismo, solo puede tener efectos socializadores dentro de una dimensión nacional cuando logra llevar a la práctica educativa concreta los valores que orientan el desarrollo nacional global, y todo esto se reduce, en los hechos, a un tema de la calidad de la educación.

En términos generales, y en el terreno de las decisiones, podría decirse que la calidad educativa encierra tres aspectos fundamentales:

  1. Una decisión sobre los contenidos educativos, científicos y tecnológicos que se esperan de cada individuo, cada mexicano debe aprender;
  2. Una decisión sobre los recursos humanos docentes que el sistema requiere, tanto en términos de cantidad como por contenidos que debe impartir y,
  3. La generación de cierto tipo de actitudes cívicas y del quehacer cotidiano que permitan configurar al tipo de ciudadano que se desea promover de acuerdo con los objetivos del proyecto político del estado mexicano.

Existe una relación interdependiente entre política y educación, las relaciones de fuerza que se dan al interior del proceso educativo, así como los mecanismos de poder constituyen las causas del discurso, el cual en ocasiones se ha desbordado por los efectos de este. Los movimientos ligados al discurso educativo, vividos en la historia de nuestro país son prueba de ello: el movimiento magisterial de 1958, el estudiantil de 1968. Por señalar solo algunos, han sido respuestas críticas a las condiciones políticas de producción de discurso; han marcado las discontinuidades y señalado los nuevos rumbos, han sido principio y fin de una práctica del estado.

La historia del discurso educativo solo se puede abordar a partir de las relaciones y equilibrios de poder y de las resoluciones políticas que han sustentado y dado al estado mexicano una fuerza específica; lo cual implica que las formulaciones, rediseños, replanteamientos y sustituciones del discurso educativo, han obedecido a injerencias económicas y a usos políticos del mismo discurso.

Todo esto encuentra su fundamentación en un esquema teórico que concibe al sistema educativo cumpliendo, en una formación social como la nuestra, funciones de reproducción social, al mismo tiempo que genera procesos propios de autonomía relativa como instancia superestructural.

En este marco realizaremos trabajos de interpretación del quehacer educativo en las etapas moderna y contemporánea de nuestro país.

Desde este espacio saludamos fraternalmente a las maestras y maestros, así como a todas las personas interesadas en el tema educativo destacando entre éstas a las madres y padres de familia, a los investigadores y estudiosos de la educación.

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