Yunuen Farias Estrada
En pleno “tiempo de mujeres” resulta increíble — hasta grotesco— que la misoginia siga viva en los puestos estratégicos, como lo es Recursos Humanos del Gobierno del Estado. Es increíble ver cómo se mantiene intacto ese amor ciego hacia los hombres y ese contrato invisible que no están dispuestos a romper jamás: los famosos pactos patriarcales.
Pactos que protegen a los amigos que acosan, hostigan, manipulan y que, aun con claros daños emocionales o psicológicos, terminan premiados con cargos en Gobierno. Recursos Humanos no es un adorno, no debería ser un escritorio de favores ni una extensión del compadrazgo.
Es el área que debe detectar talentos, descubrir capacidades, seleccionar al mejor personal, prevenir conflictos, garantizar condiciones laborales justas, promover la igualdad, velar por la salud emocional del equipo, mediar y conciliar cuando hay diferencias, generar políticas de bienestar, proteger los derechos de los trabajadores, y asegurar que exista un ambiente digno para todas y todos.
Pero lo que ocurre en la práctica es indignante. Llegas al área de Recursos Humanos y, en lugar de encontrar imparcialidad, te topas con los amigos de los violentadores, con sus compadres de confianza poniéndote el pie, frenando cualquier intento de justicia o cambio real.
Son los mismos que se llenan la boca hablando de equidad, diversidad y empoderamiento femenino. Aplauden los discursos de “tiempo de mujeres”, pero por debajo esconden la podredumbre de siempre. Los mismos que, con un celular en mano, se atreven a tomar fotos debajo de las faldas, y no pasa nada, porque “no es para tanto”, porque “son amigos”, porque “son aliados” y en esa red de impunidad se respaldan.
Por eso es tan importante entender la relevancia de Recursos Humanos, no como un simple trámite administrativo, sino como el corazón que puede cambiar o perpetuar las estructuras dentro de cualquier institución. Tener razonamiento crítico y actuar con justicia real, sin favoritismos, es lo que define si estamos avanzando o si seguimos atados a los pactos de siempre. Ser parejos, medir con la misma vara a hombres y mujeres, es el único camino para romper con esa doble moral que tanto daño sigue haciendo.
Si Recursos Humanos sigue siendo la guarida de compadres, hablar de “tiempo de mujeres” será solo una burla.
