Baños de Huingo -foto Leandro Espino-

Los Balnearios de Araró I

Leandro Espino Cordoba

 

Araró es un pueblo privilegiado por la abundancia de agua que hay en su espacio. Agua diversa: termal tibia, termal caliente, salada, fría, a poca profundidad o pozo profundo. Forma parte de lo que últimamente se le ha dado en llamar La Ruta de la Salud, precisamente por sus aguas cuya composición química ayuda al alivio de múltiples enfermedades reumáticas o de la piel. Todos ya tienen bien ganada fama y en mayor o menor cantidad son visitados durante todo el año.

 

Manantiales curativos de Huingo

Este es el nombre actual. Antiguamente, se le conocía simplemente como los Baños de Huingo o los Baños de Don Pedro Guerrero, por llamarse así el dueño. Es el más antiguo de los Balnearios. Noticia fidedigna de su existencia la hay desde abril de 1886, ya conocidos como Baños de Huingo.

 

Son dos manantiales a los cuales se les hizo un cuarto a cada uno, en sus inicios, para que funcionaran como Baños. Actualmente ya hay más cuartos y acondicionados a las necesidades reales de las personas. Lo mismo se han construido un chapoteadero y una alberca más grande que le dan una fisonomía ya más de Balneario, con servicio de comidas y bebidas, mesas y sillas, asadores, cancha de fútbol y de voleibol.

 

Quizás está en desventaja con los demás por su ubicación, pues se encuentra a unos dos kilómetros del centro de Araró, pero para el que ha probado sus baños privados, cuya temperatura es cercana a los 40 grados centígrados, es seguro que regresa. A esto se añade la vista hermosa que tiene hacia el Lago de Cuitzeo, y sobre todo la tranquilidad que se respira y se vive al estar lejos de las aglomeraciones de los otros balnearios.

 

Espectáculo aparte ofrece el paso del tren, ya que está a la orilla de la vía férrea, para el que no está familiarizado con este tipo de transporte.

 

 

Balneario los Hervideros

Como otros, nació allá por los setentas. Brinda a los visitantes un espacio para descansar, para que las familias se diviertan y al mismo tiempo cuiden su salud gracias a sus aguas termales. Efectivamente, han sido favorecidos con inmejorables aguas termales, áreas verdes, áreas para el campismo, albercas públicas y piscinas privadas, restaurante, boutique, hotel y demás atractivos de un balneario cuya meta es la excelencia.

 

Baños de Huingo -foto Leandro Espino-
Baños de Huingo -foto Leandro Espino-

 

Su magia proviene de las entrañas de la tierra, con aguas termales de propiedades curativas que emanan a 100° C. Pasando después por una etapa de enfriamiento llegando a las albercas y piscinas privadas a temperatura que oscila entre los 75° C y los 40° C. Dichas aguas son un medio curativo importante en la salud de las personas: dolores musculares, artritis, enfermedades de la piel, problemas del sistema digestivo y estrés pueden ser aligerados.

Logo oficial del balneario
Logo oficial del balneario

 

Balneario Huingo

Este Balneario actual también surge en la década de 1970, sin embargo, tiene antecedentes que se extienden posiblemente a mediados de la década de 1940. Cuenta la historia oral de la gente que llegó un gringo, del cual no se conserva ni el nombre ni cómo se hizo dueño de ese terreno, y construyó unos cuartos acondicionándolos para que sirvieran como pequeñas piscinas privadas.

 

La construcción de piedra y de tabique rojo se veía sólida. Constaba de cuatro piscinas privadas y un pequeño corredor al frente de los privados. Al frente, en medio, estaba la puerta de entrada y hasta arriba con letras grandes y bien hechas decía: “BAÑOS DE HUINGO”.

 

Se pregunta uno quién lo orientó o dónde se ilustró para ponerle el nombre, porque no pudo ponerle nombre más apropiado que ese, lleno de historia, de tradición, de remembranza del pasado de esa parte del pueblo.

 

Aprovechando que ahí estaba el zanjón por donde confluía toda el agua que salía de los diferentes hervideros, lo ensanchó justo a un lado de la construcción y más adelante, como a unos cuarenta metros, hizo una compuerta de calicanto dejando un espacio entre las dos bardas, uniéndolas con tablones mediante una ranura en las dos bardas encajándolas de manera perfecta.

 

Así se construyó la primera alberca en Araró. Muy rústica, pues no tenía paredes a los lados, ni piso en el fondo, siguiendo la narración sobre el gringo.

 

Dicen que tuvo que ir a su tierra y, entonces, dejó de encargada a Doña María, señora de su confianza. Nunca regresó aquel gringo. Y ahí tenemos a Doña María convertida en dueña de ese balneario primitivo, que poco a poco alcanzó fama entre la gente fuereña y los propios habitantes del pueblo.

 

Se hizo costumbre irse a bañar todos los sábados a la “alberca de Doña María” o también a los mezquititos, es decir en la zanja por donde corría el agua expulsada de la alberca. En esta se cobraban veinte centavos, en la zanja nada. Cada familia se acomodaba donde quería a lo largo de la zanja de donde emana rica, termal y caliente agua desde quién sabe cuánta profundidad de las entrañas de la tierra.

 

Y si se tenía con qué pagar, se iba a nadar a la alberca, donde los muchachos practicaban su clavados o simples brincos. Cuando se cansaban, entonces allí mismo se enjabonaban y listo, luego de haberse echado un reponedor baño. Sobre esta base continuó el actual Balneario Huingo. El señor Jesús Jiménez compró el terreno a la señora María y empezó a darle otra fisonomía, hasta convertirlo en un balneario moderno con todos los servicios. Tarea que les tocó fundamentalmente a sus herederos, a la familia Jiménez Acosta.

Entrada al Balneario  -foto Leandro Espino-
Entrada al Balneario  -foto Leandro Espino-
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