Michoacán, sin Proyecto Educativo II

Rogelio Raya Morales

Por una parte, se debe buscar mejorar los procesos de enseñanza aprendizaje, actuando en primer lugar sobre los procesos de formación de docentes, deben buscarse nuevas metodologías y nuevos materiales didácticos en todas las áreas disciplinarias y no solamente en las de español y matemáticas; se debe mejorar las condiciones en las que se realiza el proceso educativo de tal manera que se logre una real equidad y se considere que la diversidad cultural del estado, marcada fuertemente por la permanencia de una alta población étnica, obliga a que las medidas que se tomen sean diferenciadas como diferente es la población a la que van dirigidas.

Por otro lado, en cuanto a la administración y organización de la educación, se deben redefinir las relaciones entre la Secretaría de Educación en el Estado  y la organización gremial, garantizando la plena autonomía de ambas entidades y la mayor eficiencia en la operación educativa. La normatividad, otro de los grandes campos de este proyecto educativo, debe ser planteada en el sentido de favorecer los procesos educativos recogiendo en sus diferentes apartados normativos los cambios significativos de nuestra realidad social, política, económica y cultural.

Sin embargo, se puede sostener que, aun teniendo presente la necesidad y la voluntad de construir este proyecto educativo, es necesario que se defina con certeza la concepción con la que ha de abordarse este planteamiento.

Después de haber estado bajo la influencia desgarradora del proyecto neoliberal, es necesario que el proyecto educativo para el estado sostenga un enfoque decididamente humanista.

El humanismo, rasgo de nuestra educación y relación social que fue brutalmente atropellado por las relaciones materiales y egoístas del neoliberalismo, debe volver a poner las cosas en su verdadero nivel. Rescatar una concepción donde se valore la dignidad y el ser humano por sobre todo y eso se lleve al proceso educativo como afirmación de la centralidad del valor y la dignidad del ser humano y se corrija la relación de éste con los demás elementos con lo que interactuamos en la sociedad y la naturaleza, es una condición sine qua non para mejorar nuestra educación y se mantenga el objetivo de educar para los seres vivos del planeta.

Se requiere, además, de un proyecto educativo que surja de la iniciativa de las propias instituciones educativas y se construya con la participación de los sujetos más directamente relacionados con el sector, pero no exclusivamente, que realice diagnósticos, los interprete y defina formas de intervención en el universo de los niños, jóvenes y adultos que proporcionen a éstos nuevas herramientas de convivencia, desarrollo moral, y que, al mismo tiempo, los capacite con las destrezas necesarias para actuar productivamente en un mundo globalizado.

El sistema educativo debe contar con un proyecto educativo que no sólo incluya un nuevo modelo pedagógico, sino, fundamentalmente que sea un proyecto educativo con definición clara de su filosofía, del rescate de su carácter humanista, que rechace el pragmatismo educativo impuesto por el modelo global de sociedad y que fije, objetivamente, el papel de la educación, la cual, “junto con la información, el conocimiento científico y tecnológico debe contribuir a la disminución de la desigualdad y la pobreza” (Armando Alcántara).

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