OLIVIER HERRERA MARÍN; LOS POETAS BAILAN SOLOS

POR: NEFTALÍ CORIA

 

Suele decirse que quien escribe poesía, lo hace por vocación, por pasión y por una misteriosa necesidad de cantar que siempre viene del alma humana. En todas las lenguas se ha escrito poesía, porque siempre habrá algunos seres plumados, como los pájaros que por su sangre corre la misteriosa música de la poesía, esa música que suena por dentro del corazón humano que también bombea palabras. Y esa sangre verbal, en circulación, no es otra cosa que la fuerza y energía que sostiene vivos a los hombres sobre el mundo, este mundo ahora tan decadente y con paisajes humanos luminosos que, con la inconsciencia de muchos, se oscurecen.

Es muy cierto que la poesía no es una promesa para las nuevas generaciones, ni hay en ella un horizonte promisorio, en el que puedan encontrar respuestas fáciles y propias de la inmediatez en la que está sumido nuestro tiempo. Sin embargo, no todo está perdido, y la prueba es que hoy celebramos un libro con los versos diáfanos de Olivier Herrera Marín.

Cesare Pavese dijo que la poesía existe cuando un necio se detiene frente al mar y dice: “el mar parece aceite”. Y es que como Olivier lo vive, y lo vemos en este su libro, en la poesía vive latente la esperanza. Y la esperanza es la única flor que podemos levantar cada día que despertamos. Y no está perdido todo porque, como lo he visto en la poesía de Olivier en este libro, también –y su título lo reza–, la poesía como el amor, es libertad, y quizás de ahí deviene el título de su libro: Amar es libertad, que es su poesía reunida.

A Olivier la poesía lo llevó a vivir una vida despierta y con la mirada aguda ante el mundo que le tocó vivir y su historia fue sostenida por la Diosa, como la llama mi amigo Efraín Bartolomé. Su historia fue aderezada hacia la lucidez por la Loba, como llamó a la poesía mi otro amigo argentino Jorge Boccanera.

La poesía le da al hombre la comprensión del mundo y la mirada se afila para romper los misterios humanos a los que el poeta se enfrenta. Y lo comprende ya sea desde su escritura, o desde los balcones de la lectura. La poesía como el amor necesitan la libertad y en la libertad hay esperanza y sueños, pero algo que debe saberse, la poesía busca la verdad del hombre y si acaso la encuentra, ese hombre corre el riesgo de vivir la felicidad, la dicha y acaso el éxtasis que la verdad del mundo puede ofrecerle.

Cada libro de poesía que leo, siempre será una nueva aventura y el libro de Olivier, me ha enseñado que hay un hombre en la lejanía, que –como yo lo he hecho con mi obra– busca en el misterio de las palabras un mundo mejor, y acaso eso nos ha salvado de la oscuridad. Nos ha dado la fuerza necesaria para comprender nuestra historia, y aquí permítanme particularizar en la historia de Olivier, que bien podemos olfatear en la lectura de sus poemas; una historia que nos enseña que hubo una lucha a brazo partido en la vida de orfandad y ejemplos de su padre y su madre, que dieron al poeta, las herramientas para encontrar puertos seguros a la que su vida pudo arribar.

“Empresario, trotamundos y poeta”, como lo llamaron en Costa Rica, cuando Olivier fue primera plana en los periódicos de aquel país, cuando fuera detenido por la policía porque fue descubierto bailando solo a mitad de la pista, ignorantes de no saber que los poetas bailan solos bajo el influjo de la más misteriosa música del mundo.

Olivier Herrera Marín se forjó en las labores de todo tipo sin cejar ni renunciar a la búsqueda incesante por lograr, lo que se puede llamar una vida, como sus poemas, diáfana.

La poesía de este poeta español, asentado en París, es una poesía de la mejor herencia de la poesía española del siglo XX, una poesía que deviene de la música de Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado y de la sonoridad de García Lorca. No puedo dejar pasar esa influencia nerudeana que también pude escuchar en la lectura de su poesía reunida y en las pruebas que el sistema educativo francés, ha reconocido, incluyendo algunos de sus poemas –al lado de Octavio Paz, Benedetti, entre otros–, en los libros en los que los niños y jóvenes franceses, estudian nuestra lengua, lo que me parece, no un golpe de suerte, sino un reconocimiento a su poesía directa, tejida con la suavidad y la mejor tersura que posee nuestra lengua.

En sus poemas vive la celebración del amor, la naturaleza lastimada, pero también vive la rebeldía de un hombre que reclama al mundo la injusticia, el desamor y las atrocidades que no hacen falta nombrarse, pero que hoy las vemos contra países en desgracias claras y provocadas por hombres que –no cabe duda– viven lejos de la poesía y el más mínimo humanismo.

La poesía, acaso no sirve de nada, pero sí para vivir y encontrarse con la libertad y amar en ella, como bien lo sabe Olivier Herrera Marín.

 

 

 

 

Deja un comentario