Female college student writing an exam during a class at lecture hall. Her classmate are in the background.

Gerardo Sixtos López.

 

Debo de reconocer que debo de permitirme más tiempo para construir un corpus de opinión sobre la Universidad contemporánea, de tal manera que lo que lean ustedes hoy aquí, tiene más el sentido de provocación para incentivar el dialogo que un texto acabado y final; pensar la Universidad es imprescindible en tanto que es una institución protagonista en el desarrollo de nuestras sociedades y con la que todos tenemos que ver, ya sea como protagonista, como usufructuarios o como observadores.

Cada vez más se tiene la certeza de lo que ya hemos dicho aquí: que sin duda no estamos ante una época de cambios sino ante un cambio de época, que exige un esfuerzo reflexivo para tratar de entender la naturaleza de las transformaciones que la modela. Es difícil voltear a cualquier escenario de nuestra vida cotidiana y no quedarnos con la sensación de exclamar que en mis tiempos las cosas eran diferentes, el colmo es cuando mis tiempos se remontan al día de ayer. Sin duda, todo cambia a una velocidad acelerada, mis certezas de hoy probablemente no sean las de mañana.

La Universidad como institución tiene sus orígenes en el ocaso de la Edad Media cuya misión era la salvaguarda de la sabiduría que con el tiempo su ideal sería la construcción de un espacio para la elaboración desinteresada de la cultura y de un saber universal ( Freitag 2004)

La Universidad de la década de los sesenta del siglo pasado fue ese foco incendiario de la protesta social contra los ideales de la modernidad, el 68 no se olvida ante el cansancio del mundo feliz de la mercancía y el capital

Siguiendo a Freitag en  “EL NAUFRAGIO DE LA UNIVERSIDAD” (2004) encontramos que la universidad hoy se ocupa de un saber utilitario el que solo permanece en su eficiencia pragmática.

Me parece distinguir que a nuestros días los jóvenes que ingresan a la universidad sufren una transformación impresionante para convertirse en clientes y no alumnos envueltos en el manto de la calidad y las certificaciones de particulares que apelan a una entelequia denominada acuerdo de Camberra. Vaya suerte de las Universidades que ceden  su futuro  a organismos externos que validan procesos administrativos y no académicos y pedagógicos.

Y qué decir de la responsabilidad social que hoy se le exige a la Universidad en la solicitud de atender y solucionar requerimientos del pueblo, ¿en verdad esa es su función? Mi respuesta es que ella cumple socialmente cuando la formación de los estudiantes responde a los saberes de su profesión.

Resulta preocupante ver que en la formación y consolidación de las profesiones uno de los parámetros es la tan reputada demanda. Si hay muchas solicitudes en torno a un programa esto le da su validez, nada más banal que eso, los programas educativos deberían de responder a un corpus de conocimiento con el que debe de estar comprometido la Universidad al margen de la popularidad en la clientela.

Respecto de la Investigación alguien decía que tal vez el gran error del modelo de la Universidad Mexicana actual era haber impulsado el concepto de “Profesor Investigador”, cada vez estoy más de acuerdo, en tanto que lo que la institución requiere es contar profesores a secas con una preparación de alto nivel en su área y una fuerte preparación didáctica, así como una comprensión muy clara del fenómeno educativo.

Al día de hoy tenemos profesores fuera de la elite de investigadores que ejercen un poder plenipotenciario para dar clase a un solo grupo cuando sus congresos se lo permitan. Además de injusto esta no es una estructura que virtuosamente fomente los procesos de formación de los estudiantes. Por otro lado convendría preguntarse el impacto de la investigación en el desarrollo disciplinar, mas allá de las citas y la visibilidad de los  investigadores. En fin, que me parece que nos encontramos con una planta docente demediada entre la frontera de la enseñanza y la investigación que nubla la razón de la educación universitaria.

Sobre la difusión cultural y  los servicios, siempre se le ha visto como el área cosmética universitaria, lo que viste a la universidad con su orquesta, con sus grupos, obras de teatro y danza, exposiciones y lecturas. Puede ser más con más presupuesto e imaginación,

Ante el maremágnum de la realidad caleidoscópica y transformativa,  la universidad no reacciona de la misma manera, me atrevería  a decir que la constituye un suerte de flema conservadora, sería deseable que sus miembros se involucraran en la comprensión de los cambios epistemológicos, dotados de una visión enciclopédica y sabía que permita reaccionar a los cambios con pertinencia  y oportunidad que el mundol exige,

 

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