Karla Martínez, Experta en finanzas personales
En México existe una idea muy común: creer que vender mucho significa automáticamente tener un negocio exitoso. Pero la realidad es otra. He conocido emprendedores con negocios aparentemente muy prósperos que viven preocupados porque “nunca les alcanza para nada”.
Y no siempre es por falta de clientes. Muchas veces el verdadero problema es el desorden financiero.
Uno de los errores más frecuentes que cometen los emprendedores es no tener control de su dinero. No separan ingresos, egresos ni utilidades. Todo entra a una sola bolsa y desde ahí pagan proveedores, gastos personales, salidas, tarjetas y cualquier emergencia. El negocio termina convirtiéndose en la caja personal de la familia.
El problema de no asignarse un sueldo fijo es que muchas personas terminan “comiéndose” la utilidad del negocio sin darse cuenta. Creen que porque hubo ventas, todo ese dinero ya es ganancia disponible. Y no. Una empresa necesita volver a invertir, guardar para imprevistos, crecer y tener estabilidad.
He escuchado frases como:
“Vendo muchísimo, pero siempre vivo al día”.
Y detrás de eso casi siempre hay una mala administración, no necesariamente un mal negocio.
Otro punto muy importante es separar las finanzas personales de las del emprendimiento. Parece algo simple, pero puede hacer la diferencia entre un negocio que crece y uno que sobrevive apenas mes con mes. Un emprendimiento debe poder sostenerse por sí mismo, incluso pagando un sueldo digno a quien lo dirige.
También existe un tema que muchos prefieren ignorar: la informalidad. Muchísimos negocios comienzan sin registrarse ante el SAT porque creen que así “se ahorran problemas”. Sin embargo, esto termina limitándolos. La informalidad resta credibilidad ante instituciones financieras, dificulta acceder a créditos y además mantiene al emprendedor en el riesgo constante de una discrepancia fiscal.
En México muchas veces emprendemos desde la emoción y no desde un verdadero análisis financiero y de negocios. Abrimos porque nos gusta algo, porque vimos que alguien más vende bien o porque queremos independencia económica. Pero pocas veces nos detenemos a preguntarnos:
¿Este negocio realmente es rentable?
¿Cuánto necesito vender para sobrevivir?
¿Cuánto debo reinvertir?
¿Estoy preparado para administrarlo?
Emprender no solamente requiere ganas. También requiere orden, análisis y educación financiera.
Por eso, antes de pensar en crecer, hay tres consejos básicos que pueden cambiar el rumbo de cualquier negocio:
Separar gastos personales, asignarse un sueldo y analizar antes de emprender.
Porque a veces el problema no es que el negocio no venda.
El problema es que nadie le enseñó al emprendedor a administrar el éxito.
Karla Martínez
Experta en finanzas personales
