José Juan Marín


El poder es un enigma al que apuntalan algunas creencias y ciertas valoraciones surgidas en el campo de la religión, el pensamiento mágico, la filosofía y la ciencia política.

¿Qué cosa es el poder? Es una pregunta que se ha hecho el ser humano desde siempre, para las cuales no abundan ni son suficientes las respuestas que contiene la historia del hombre.

Quien crea la idea moderna de la política y el poder es Maquiavelo, pues tuvo la virtud de separar la política de la moral, sentando así las bases de la Ciencia Política moderna.

Thomas Hobbes hizo lo propio hacia 1651, casi siglo y medio después de “El Príncipe” de Maquiavelo, con el “Leviathan”.

Supongo que situar el origen del poder en el mundo en tiempos de Trump y en el México de hoy, es importante. No sólo por el pobre y lamentable estado de nuestra forma de hacer política, sino porque muchos políticos actualmente desconocen los orígenes del poder y su finalidad, al grado de que lo ejercen más el rufián y el mañoso.

Es aquí donde se hace presente el lado oscuro del poder, pues es el lado sombra que turba y confunde la inteligencia del gobernante y suele causar terror en el hombre desprovisto de defensa, porque se trata de un elemento imprevisible y destructor: las pasiones de los hombres, su ambición y su locura.

En esta materia Emil M. Cioran arribó a un tratado para el que le bastaron menos de dos líneas: “El poder es malo, muy malo, porque dominar es un placer, un vicio: el poder es diabólico”.

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