Un Aniversario en la Casa Natal de Morelos
—Cuatro Años de Unanimidad—
Por Jorge Orozco Flores
La luz del auditorio se plegaba con suavidad sobre las butacas cuando el maestro José Bernardo Bautista Hernández se levantó frente al micrófono. Vestido con saco oscuro y corbata, los lentes colgando del pecho, trazó una pausa deliberada y arrancó a capella un fragmento de canto gregoriano. Una sola línea melódica inundó el espacio histórico, y por un instante el recinto pareció responder con su propio silencio, cargado de memoria.
A la izquierda, en la mesa principal, la secretaria de Cultura del municipio de Morelia, Fátima Chávez Alcaraz, observaba con atención serena.El público guardaba una quietud casi devota: algunos cerraron los ojos; otros, contuvieron la respiración.
El aplauso que siguió fue medido, reverente, el preludio perfecto para la tarde del miércoles 22 de abril de 2026.
Ese día la revista digital Unanimidad celebró su cuarto aniversario en el auditorio de la Casa Natal de Morelos, un espacio que, bajo la dirección de la maestra Estrella Díaz Ochoa, volvió a convertirse en escenario de reconocimiento y creación cultural michoacana.
La psicóloga Carla Velazco dio la bienvenida a los asistentes. Inmediatamente después, los conductores Lizbeth Macedo Flores y Luis Manuel Rodríguez García tomaron la palabra para presentar a los invitados especiales y colaboradores presentes.
Entre ellos se encontraban el presidente de la Asociación de Cronistas por Michoacán A.C., José Arturo Villaseñor Gómez; José Juan Marín, Jorge Canedo, Ángelo Medina Huitrón, Salvador Pérez Díaz, César Tavera Montero, Salvador Huerta Tena, Fermina Arellano, el poeta Román Armando Luna Escalante; René “el señor de la canción”; Fabio Rosales Coria, cronista de Taretan, y el director general de Unanimidad, Tranquilino González Gómez.
En nombre de los colaboradores habló Karla Martínez Martínez.

Fátima Chávez Alcaraz entregó un reconocimiento al maestro José Bernardo Bautista Hernández, quien en ese simbólico escenario, acompañado de su grupo coral, se sentó al piano para interpretar “Añoranza” y arreglos propios, incluyendo piezas de su paso por Los Sonor’s: una música clara, desprovista de ostentación, tejida con oficio y cercanía.
El maestro Atilano López Patricio recibió su reconocimiento. Con guitarra acústica en mano, interpretó una pirecua de su autoría en un ensamble de lenguas —purépecha y español—. Vestía camisa blanca con bordados coloridos, pañuelo rojo al cuello y un amplio sombrero de ala ancha. Detrás de sus gafas, su expresión se mantenía concentrada y precisa, mientras la voz y la cuerda se alternaban con naturalidad. La música y la palabra compartían el mismo centro, sin adornos innecesarios.
Poco después, el maestro Serafín Ibarra Cortez fue reconocido y ofreció su propia intervención musical.
Se rindió un homenaje póstumo al notario público de Lázaro Cárdenas y colaborador de Unanimidad, Luis Sigfrido Gómez Campos. Alberto Suárez Castillo participó en la entrega del reconocimiento, que la familia recibió en manos de su sobrina, la notaria pública Gricelda Leal Gómez, quien, visiblemente emocionada, hizo uso de la palabra.
El poeta Neftalí Coria recibió su reconocimiento de manos del director general, Tranquilino González Gómez, y leyó material poético inédito.
Finalmente, el propio Tranquilino González Gómez dirigió unas palabras al público.
Cuando los asistentes comenzaron a retirarse hacia la noche que envolvía el centro de Morelia, la sala que había guardado silencio ante aquella voz gregoriana recuperaba su quietud.
El canto puro, el coro, el piano, las guitarras y los versos habían cumplido su función: unir, durante unas horas, reconocimientos, música y poesía en el lugar donde nació Morelos. La Casa Natal, con sus muros testigos de la historia, cedió espacio una vez más para que la cultura local se reconociera y celebrar en voz alta.
