José Juan Marín


La renegociación del T-MEC empezó y no se esperará hasta 2026 y, menos aún, será una revisión. El magnate de Mar-a-Lago impuso su agenda y nuestro país no tiene muchas opciones para dónde moverse.

La amenaza de aranceles de 25% a todas nuestras exportaciones a Estados Unidos, cuya aplicación fue postergada por un mes, sigue siendo el riesgo más crítico que México haya enfrentado en materia económica en nuestra generación.

Una tregua no es más que el cese temporal de hostilidades, no el finiquito de ellas. Conseguir ese respiro, es debido reconocer la serenidad mostrada por la presidenta Claudia Sheinbaum.

La Presidenta, abrió los espacios para la cooperación en varios temas que quiere Trump:

Uno. México aceptó controlar la migración con el envío de 10 mil efectivos a la frontera, aceptar la deportación de más de cinco mil connacionales y reconocerse como “tercer país seguro”.

Dos. Las secretarías de la Defensa y de Marina, ya trabajan con sus pares estadounidenses en centros de inteligencia ubicados en México. El avión y los buques de la Fuerza Aérea y Marina estadounidense frente a Los Cabos y Ensenada no fueron casualidad.

Tres. La Secretaría de Energía, ya publicó leyes secundarias que abren la inversión privada en electricidad y pronto, la Comisión Nacional del Agua, hará lo propio: Estados Unidos solicitó esos recursos, luz y agua, para que sus empresas puedan operar.

Cuatro.Trump pidió, cerrar definitivamente la puerta a capitales chinos.

Por lo pronto, el reto aún se ve cuesta arriba. No sólo por los aranceles, sino también por el probable desfondamiento del TMEC.

Analistas han estimado que, de darse los aranceles en el nivel planteado por Trump, y si duran un buen tiempo durante el año, el PIB de México podría contraerse entre 1.5 y 4 por ciento.

Correctamente se llama a la colaboración, rechazando la confrontación, por lo que nuestro Gobierno debiera, ahora considerar lo siguente:

Primero. Considerar el “Plan B” si la contraparte persiste en el ataque, no es lo que se busca, pero con una posición de firmeza y de trato “entre iguales”.

Segundo. Definir e implementar, junto con el sector empresarial, programas de apoyo a las empresas establecidas en México que podrían verse afectadas por los aranceles, hoy o en el futuro.

Tercero. Fortalecer los lazos con los aliados del sector privado estadounidense que tienen interés en el comercio bilateral y en el TMEC, al cual han salido a defender en el momento crítico.  Ya hemos visto el llamado de la Gobernadora republicana de Arizona o el de varios congresistas tanto demócratas como republicanos.

Cuarto. Colaborar con Estados Unidos en materia migratoria.

Quinto. Se necesitan compromisos de combatir con todo a los cárteles del crimen, y sobre todo llevarlos a la acción, sin pretextos.

México debe “tomar en serio” las amenazas de Trump y aprovechar su posición geopolítica, el T-MEC, y hablar en términos de socio con Estados Unidos.

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