José Juan Marín

A partir de ayer Donald Trump es el 47º presidente de los Estados Unidos. La incertidumbre en México y en el mundo crece, pues para quienes creían que sus amenazas eran producto de su campaña, ahora se están dando cuenta que hay que tomarlas en serio.

Uno de los aspectos que más ha marcado su liderazgo y su estilo de comunicación es el uso constante de amenazas, tanto verbales como a través de sus acciones.

Durante su primer mandato, su enfoque en la política exterior estuvo marcado por un estilo impredecible y agresivo.

Ahora, en este nuevo periodo, Trump sigue la misma estrategia y en lo que concierne a nuestro país sus intimidaciones van en el sentido de imponer aranceles a las exportaciones mexicanas, deportación masiva de migrantes indocumentados y designar a grupos del crimen organizado como organizaciones terroristas, temas relevantes por estas razones:

Primero. Recordemos que el 80% de nuestras exportaciones tienen como destino Estados Unidos por lo que, si Trump cumple su amenaza arancelaria, habría una significativa disminución de estas, lo que generaría una caída en el PIB.

Segundo. En el tema migratorio las cosas también se complican para México pues representa que dejarán de fluir las remesas, se incrementaría la demanda de empleo en nuestro país y se registraría alza en la inflación y en el tipo de cambio.

Michoacán tiene 4,748,846 habitantes y es uno de los tres principales estados de migrantes y de población de retorno en Estados Unidos. Se estima que hay cerca de cuatro millones de michoacanos en la Unión Americana. En caso de una deportación masiva, vaya que sería un serio problema para el Estado.

Tercero. En materia de seguridad, las cosas no pintan mejor, pues declarar a los grupos criminales como organizaciones terroristas significaría para México ser sujeto a diferentes sanciones y la posibilidad de que las fuerzas armadas de ese país ingresen al nuestro a la menor provocación.

Más allá de sus amenazas específicas, la actitud general de Trump ante el mundo es una de confrontación constante.

Es poco probable que Trump consiga lo que quiere con Canadá, Panamá o Groenlandia, por lo que su estrategia podría estar orientada a conseguir mejores acuerdos para Estados Unidos: tal vez un descuento para los buques estadounidenses que transiten por la vía fluvial clave entre los océanos Atlántico y Pacífico, un mayor acceso estadounidense a los minerales de tierras raras de Groenlandia y a las rutas marítimas liberadas por el derretimiento del hielo polar, así como un nuevo acuerdo comercial con Canadá que podría beneficiar a los fabricantes estadounidenses.

Las amenazas de Donald Trump no solo reflejan una estrategia política agresiva, sino que también nos muestran una tendencia creciente hacia la desinformación, la polarización y la ruptura de normas que anteriormente se consideraban fundamentales para el buen funcionamiento de la democracia.

Así que bien harían nuestros gobiernos Estatal y Federal en tomar las previsiones necesarias y no confiarse en que todo se resolverá con diplomacia, pues como ya vimos, las afectaciones serían innegables.

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