disociación psíquica, fractura cuerpo–mente y vacío existencial
Fernando Perales
Introducción
La ansiedad se ha convertido en uno de los fenómenos psicopatológicos más característicos de la modernidad tardía. No obstante, su comprensión exige trascender el enfoque puramente clínico para situarla en un marco más amplio, donde confluyen factores neurobiológicos, sociales y existenciales. La ansiedad actual no expresa únicamente una reacción desproporcionada al estrés, sino una fractura progresiva de la experiencia unificada del ser humano, manifestada en la disociación entre cuerpo, mente y sentido. En este contexto, la ansiedad actúa como un síntoma estructural de la vida moderna y, cuando se vuelve crónica, puede derivar en depresión y otras afecciones mentales.
Ansiedad como estado basal de la modernidad
Desde la neurociencia, la ansiedad se asocia con la activación sostenida del eje hipotálamo–hipófisis–adrenal, un sistema diseñado evolutivamente para responder a amenazas agudas y transitorias. McEwen (2007) advierte que “when stress mediators are overused or dysregulated, the same systems that protect the body can cause damage” (p. 874). La vida moderna expone este sistema a estímulos constantes e inespecíficos: hiperconectividad digital, presión por la productividad, precariedad identitaria y aceleración social.
A diferencia de contextos históricos previos, la amenaza ya no es concreta ni localizada. El individuo permanece en un estado de hipervigilancia sin objeto definido. Como señala Rosa (2013), la aceleración social produce una experiencia de “time scarcity and permanent pressure to adapt” (p. 41), generando un estado de alerta persistente que desborda la capacidad reguladora del organismo.
Disociación cuerpo–mente como núcleo del malestar
Uno de los rasgos más relevantes de la ansiedad moderna es la disociación funcional entre cuerpo y mente. El cuerpo se instrumentaliza como medio de rendimiento y adaptación, mientras la mente se convierte en un gestor cognitivo saturado. Damasio (1994) subraya que “the separation of mind and body has profoundly shaped our understanding of human experience, often to its detriment” (p. xvi). Esta escisión deteriora la capacidad de autorregulación emocional y la vivencia encarnada del yo.
Clínicamente, esta disociación se expresa en fenómenos como despersonalización, desrealización y somatización. Van der Kolk (2014) afirma que “the body keeps the score: it records and expresses experiences that the mind cannot integrate” (p. 21). Cuando el malestar no puede ser elaborado simbólicamente, emerge a través del cuerpo, reforzando la fragmentación de la experiencia subjetiva.
De la ansiedad a la depresión: el colapso adaptativo
La transición de la ansiedad a la depresión puede entenderse como un colapso adaptativo. Tras un periodo prolongado de hiperactivación, el sistema psíquico reduce su nivel de respuesta. Beck y Alford (2009) describen la depresión como un estado caracterizado por “a pervasive loss of motivation, pleasure, and hope” (p. 15), que no surge de manera abrupta, sino como resultado del desgaste emocional sostenido.
Desde una perspectiva existencial, la depresión puede interpretarse como una retirada del mundo cuando este se percibe como excesivo o carente de significado. Yalom (1980) sostiene que “meaninglessness is a major source of existential anxiety and despair” (p. 423), lo que vincula estrechamente la pérdida de sentido con la sintomatología depresiva.
Mente, sentido y soledad cósmica
La vida moderna introduce una tercera fractura, más sutil pero igualmente profunda: la disociación respecto al sentido. El individuo contemporáneo posee un conocimiento científico amplio sobre el universo, pero carece de narrativas integradoras que respondan a la pregunta identitaria fundamental: ¿quién soy? La conciencia de habitar un cosmos vasto e indiferente intensifica la experiencia de soledad ontológica.
Camus (1955) describe esta condición como el núcleo del absurdo: “the absurd is born of this confrontation between the human need and the unreasonable silence of the world” (p. 28). Esta ausencia de respuesta no permanece confinada al plano filosófico, sino que permea la vida psíquica cotidiana, debilitando la cohesión interna del sujeto.
Consecuencias psicopatológicas de la fragmentación
La fragmentación entre cuerpo, mente y sentido favorece la aparición de múltiples afecciones mentales, entre ellas trastornos de ansiedad generalizada, depresión mayor y trastornos psicosomáticos. El DSM-5-TR reconoce la alta comorbilidad entre estos cuadros y subraya que la ansiedad crónica constituye un factor de riesgo significativo para el desarrollo de depresión (American Psychiatric Association, 2022).
Desde una lectura sociológica, Durkheim (1897/2002) ya advertía que la pérdida de integración simbólica y social incrementa la vulnerabilidad psicológica del individuo, al quedar expuesto a un vacío normativo y existencial.
Consideración final sobre marcos simbólicos
Aunque los marcos simbólicos tradicionales ofrecieron históricamente respuestas al vacío existencial, su función en la modernidad es cada vez más ambigua. El desafío contemporáneo no consiste en restaurar dogmas, sino en reconstruir formas de integración que permitan articular cuerpo, mente y sentido sin negar el conocimiento científico ni la complejidad de la experiencia humana.
Frankl (1959) sostiene que “man’s search for meaning is the primary motivation in his life” (p. 121), subrayando que la ausencia de sentido no es un problema marginal, sino un núcleo patogénico central del sufrimiento moderno.
Conclusión
La ansiedad y la depresión en la vida moderna no pueden reducirse a disfunciones individuales. Constituyen expresiones de una fractura profunda en la experiencia humana, marcada por la disociación entre cuerpo, mente y sentido existencial. En un entorno que exige adaptación constante, ofrece escasas certezas identitarias y confronta al individuo con un cosmos silencioso, la pregunta “¿quién soy?” permanece sin respuesta estable.
La salud mental contemporánea requiere, por tanto, enfoques integradores que no se limiten a la supresión de síntomas, sino que promuevan la reunificación de la experiencia humana, permitiendo al individuo habitar su cuerpo, aquietar su mente y reconstruir un sentido que haga posible vivir —y no solo funcionar— en la modernidad.
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Referencias (APA 7ª edición)
American Psychiatric Association. (2022). DSM-5-TR: Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed., text rev.). APA Publishing.
Beck, A. T., & Alford, B. A. (2009). Depression: Causes and treatment (2nd ed.). University of Pennsylvania Press.
Camus, A. (1955). The myth of Sisyphus. Vintage Books.
Damasio, A. (1994). Descartes’ error: Emotion, reason, and the human brain. Putnam.
Durkheim, É. (2002). Suicide: A study in sociology (J. A. Spaulding & G. Simpson, Trans.). Routledge. (Original work published 1897)
Frankl, V. E. (1959). Man’s search for meaning. Beacon Press.
McEwen, B. S. (2007). Physiology and neurobiology of stress and adaptation: Central role of the brain. Physiological Reviews, 87(3), 873–904. https://doi.org/10.1152/physrev.00041.2006
Rosa, H. (2013). Social acceleration: A new theory of modernity. Columbia University Press.
van der Kolk, B. A. (2014). The body keeps the score. Viking.
Yalom, I. D. (1980). Existential psychotherapy. Basic Books

