Dr. Alejandro Guzmán Mora

 

 

“¡A principios del siglo XXI, toda la humanidad se unió en celebración. Nos maravillamos de nuestra propia magnificencia al dar a luz a la IA… No sabemos quién atacó primero, si nosotros o ellos, pero sabemos que fuimos nosotros quienes quemamos el cielo”.

(The Matrix , 1999)

 

 

 

Y aquí estamos, en 2026, con el cielo bien chamuscado, pero en versión mexicana: el cielo de las promesas grandiosas de la 4T, ese edificio pomposo que AMLO empezó a vender en 2018 como el rascacielos de la honestidad, la paz y la prosperidad, y que Sheinbaum ahora anuncia como su flamante “segundo piso”. Spoiler: no hay segundo piso.

 

Hay un andamio oxidado, cimientos agrietados por filtraciones de corrupción, paredes pintadas con mentiras repetidas hasta el cansancio y un techo que nunca llega porque los ladrillos se los robaron por el camino.

 

Por un lado están los fieles devotos: “¡Confíen, ya se está consolidando! El nearshoring va a llover dólares, los programas sociales son históricos, Trump nos respeta porque somos soberanos”. Por el otro, la realidad que patea la puerta: homicidios que no bajan (y en algunos estados como Michoacán siguen batiendo récords de horror), medicinas que escasean más que promesas cumplidas, y una economía que crece al ritmo de una tortuga coja mientras el vecino del norte (Trump) amenaza con aranceles del 25% o más si no controlamos la migración y el fentanilo. El nearshoring llega, sí, pero llega a pesar del gobierno, no gracias a él: empresas huyen de la inseguridad, de la

 

incertidumbre energética y de un discurso que sigue priorizando “soberanía” sobre inversión real.

 

Y en medio de todo eso, las tres promesas estrella que Morena repite como mantra mientras las incumple en loop eterno:

 

Paz con abrazos, no balazos: El narco no solo no se achicó, se hizo más territorial y sofisticado. El Ejército está en todo menos en los cuarteles, y la violencia es el nuevo normal. Abrazos sí, pero a los de siempre.

 

Acabar con la corrupción de raíz: La “mafia del poder” se fue… a cambiar de apellido y de contrato. Megaobras con sobreprecios legendarios, familiares en puestos clave, opacidad récord. La austeridad republicana resultó ser austeridad para el pueblo y chequera abierta para los cuates.

 

Salud de primer mundo para todos: “El mejor sistema del mundo”, decían. Hoy es el mejor sistema para hacer filas eternas, comprar medicinas en la farmacia privada y rezar porque el IMSS-Bienestar no te deje morir esperando. El desabasto es tan crónico que ya ni indigna, solo cansa.

 

Entonces, ¿quién quemó el cielo mexicano? Fuimos nosotros mismos, o mejor dicho: ellos, los que nos vendieron el paraíso transformador mientras construían su propio paraíso personal. El “segundo piso” es solo otro piso de promesas huecas apiladas sobre las primeras, y el edificio entero tiembla cada vez que Trump tuitea algo o un cártel responde un abrazo con plomo.

 

“Tienes que entenderlo. La mayoría de la gente no está lista para desconectarse. Y muchos están tan acostumbrados y dependen tan desesperadamente del sistema que lucharán por protegerlo.” (The Matrix , 1999)

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