Dr. Alejandro Guzmán Mora.
La inclusión educativa representa uno de los retos más significativos para la educación media superior y superior contemporánea en México, particularmente en el estado de Michoacán, donde las instituciones públicas concentran una gran diversidad de estudiantes. Bajo la coordinación del Instituto de Educación Media Superior y Superior del Estado de Michoacán (IEMSySEM), entidades como el Colegio de Bachilleres del Estado de Michoacán (COBACH) y el Centro de Educación Científica y Tecnológica del Estado de Michoacán (CECyTEM) en el nivel medio superior, junto con la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH) y otros institutos tecnológicos en el superior, enfrentan una creciente demanda de acceso educativo. Esta situación ha evidenciado problemáticas asociadas con la exclusión de ciertos grupos estudiantiles, en particular aquellos que presentan condiciones específicas como el síndrome de Down, el síndrome de Asperger, el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH), trastornos del espectro autista y otras formas de neurodiversidad. Estas dificultades se manifiestan tanto en los procesos de inscripción, donde los sistemas administrativos resultan rígidos y poco adaptados a sus necesidades, como en la falta de aulas y recursos pedagógicos adecuados, además de la limitada capacitación de algunos docentes para responder a estas realidades.
En el contexto geopolítico para Michoacán, el acceso restringido a procesos de inscripción inclusivos constituye una barrera inicial que coloca a los estudiantes en desventaja, al no contemplar ajustes razonables ni acompañamiento especializado que garantice la igualdad de oportunidades. Por ejemplo, en instituciones de educación media superior como el COBACH, que atiende a miles de jóvenes en todo el estado, los trámites en línea o presenciales a menudo carecen de opciones accesibles para personas con discapacidades cognitivas o sensoriales. Esta situación se agrava por la ausencia de infraestructura accesible en diversos planteles educativos, donde los espacios físicos no están diseñados bajo criterios de accesibilidad universal ni equipados con tecnologías de apoyo, como en muchos CECyTEM rurales. De igual modo, la falta de formación docente en materia de inclusión educativa y neuroeducación genera un desfase entre las necesidades de los estudiantes y las prácticas de enseñanza-aprendizaje implementadas, tanto en bachilleratos generales como en programas universitarios, como lo es en nuestra máxima casa de estudios en el Estado, la UMSNH.
El impacto de estas deficiencias es profundo: en Michoacán, la matrícula total en educación media superior y superior supera los 311 mil estudiantes en el ciclo 2024-2025, pero los estudiantes con condiciones específicas enfrentan mayores índices de rezago, deserción escolar y exclusión social. Por instancia, en la educación media superior, la tasa de abandono escolar general es del 9.1% según datos del ciclo 2023-2024, cifra que se eleva considerablemente para grupos neuro diversos debido a la falta de apoyos adaptados. En el nivel superior, instituciones como la UMSNH, con una matrícula de alrededor de 134 mil estudiantes, reportan similares desafíos, lo que resulta en tasas de deserción que afectan la cobertura neta, la cual ronda el 76.5% para jóvenes de 15 a 17 años en media superior. Estas carencias implican que las instituciones incumplen parcialmente con los compromisos de garantizar el derecho a una educación inclusiva, equitativa y de calidad, como lo estipulan la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, la Constitución Política del Estado Libre y Soberano de Michoacán de Ocampo, la Ley General de Educación y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas, particularmente el ODS 4 sobre educación inclusiva y equitativa. En este contexto, es indispensable reflexionar sobre el papel de la educación en sus diversas modalidades, y es tiempo de que la educación virtual y las tecnologías emergentes tomen un rol más activo en las instituciones michoacanas como medio para favorecer la equidad y la permanencia de los estudiantes en ambos niveles educativos.
Es necesario proponer un enfoque integral que articule tres líneas de acción, adaptadas al contexto de la educación media superior y superior bajo la supervisión. En primer lugar, el desarrollo de un sistema de inscripción en línea adaptativo a nivel estatal, que incorpore herramientas de accesibilidad digital (como lectores de pantalla, interfaces simplificadas, opciones de lenguaje claro y asistencia humana en tiempo real), aplicable tanto a bachilleratos como a universidades públicas para reducir barreras iniciales. En segundo lugar, la implementación de programas piloto de aulas inclusivas en instituciones clave, como la UMSNH, equipadas con mobiliario ergonómico, recursos de apoyo tecnológico (tabletas con software adaptado, auriculares con cancelación de ruido) y diseño acústico favorable para estudiantes con condiciones sensoriales o de neurodiversidad, extendiendo estos esfuerzos a planteles rurales para abarcar la diversidad geográfica de Michoacán. En tercer lugar, la formación continua del profesorado en neuroeducación, inclusión digital y pedagogías diferenciadas, mediante talleres obligatorios, con énfasis en estrategias para TDAH y autismo que fomenten prácticas sensibles a la diversidad cognitiva en clases presenciales, híbridas o virtuales.
Con base en estas propuestas, se busca avanzar hacia un modelo institucional en el que la inclusión no sea solo una obligación normativa, sino una convicción ética y académica transversal a todo el sistema educativo michoacano. La inclusión de estudiantes con condiciones específicas no debe considerarse como un esfuerzo aislado, sino como parte de una estrategia integral de innovación educativa y responsabilidad social, alineada con las metas para el Estado en materia de Educación de Calidad, para elevar la cobertura y reducir el abandono. En este sentido, las instituciones educativas pueden convertirse en referentes regionales al adoptar políticas que garanticen que ningún estudiante quede excluido por razones de accesibilidad física, digital o pedagógica, contribuyendo así a un Michoacán más inclusivo y equitativo en materia educativa.
No olvidar que la necesidad de inclusión trasciende los niveles de educación media superior y superior, abarcando también la educación inicial, básica y de formación para el trabajo, ya que la equidad debe ser un principio rector en todos los sectores educativos de Michoacán. Instituciones como los Centros de Atención Múltiple (CAM) y los programas de educación indígena, que atienden a poblaciones con necesidades específicas, requieren igualmente estrategias digitales y pedagógicas adaptadas. Este trabajo debe ser una política pública transversal en todos los sectores y niveles educativos, promoviendo la capacitación docente, la infraestructura accesible y el uso de tecnologías emergentes en todos los niveles. Solo mediante un compromiso integral que abarque todo el espectro educativo se logrará una verdadera transformación hacia un sistema inclusivo que garantice el derecho a la educación para todos los estudiantes, sin importar sus condiciones o contextos.
