Dr. Alejandro Guzmán Mora
El 6 de diciembre de 2025, el Zócalo en la ciudad de México, fue un corazón de guinda latiendo fuerte, banderas ondeaban como si el país entero bailara. Allá arriba, en el templete, Claudia hablaba de paz con voz de madre y el gobernador de Michoacán alzaba el puño como quien jura que todo está bien.
A la misma hora, a quinientos kilómetros de distancia, otro corazón estalló en Coahuayana. No era de tela ni de consignas: era de carne y hueso, y se abrió en mil pedazos contra el muro de una comandancia. Tres policías comunitarios que apenas ayer reían con sus hijos se volvieron ceniza y silencio. Doce heridos lloraban entre cristales rotos, y una niña preguntaba por qué el cielo olía a pólvora.
El gobernador no estaba ahí. Estaba en la plaza grande, sonriendo para las cámaras, coreando que México ya cambió…
Mientras tanto, en la costa michoacana, unas madres recogían con las manos lo que quedaba de sus hijos y lo guardaban en bolsas negras porque no había cajones suficientes para tanto dolor…..
Una plaza llena de aplausos
Un pueblo lleno de tumbas nuevas. Dos Méxicos en un mismo latido: uno que festeja,
otro que entierra.
Y entre ambos,
el eco de una explosión que nadie quiso escuchar mientras sonaba la banda.
