José Juan Marín


En este tiempo es recomendable la lectura: «El Espíritu de la esperanza «, libro del filósofo surcoreano Byung Chul Han.

Byung-Chul Han. Nació en Seúl en 1959. Estudio Filosofía en Friburgo y Literatura Alemana y Teología en Múnich.

Por nuestros días, merodea el fantasma del miedo, parece que los apocalipsis están de moda, se venden como mercancía. No solo en la vida real, sino también en la literatura y en el cine, miramos angustiados un futuro tétrico. Ya hemos perdido la esperanza de tantos problemas por resolver, de tantas crisis por gestionar, reflexiona el Filósofo surcoreano.

Esperanza, significa dejar que la realidad se preñe de futuro, nos permite creer en el futuro, pero hoy se difunde un clima de miedo que mata todo germen de esperanza e impide el futuro. El miedo crea un ambiente depresivo marcado por sentimientos de angustia y resentimiento que terminan arrojando a la gente a los brazos de los populismos, quienes atizan el odio y abandonan toda solidaridad y empatía.

El aumento del miedo y el resentimiento embrutecen a toda la sociedad y amenazan a la democracia, porque la democracia es incompatible con el miedo, ya que solo prospera en una atmósfera de diálogo.

En este sentido también afirma Han, que muchos regímenes en el mundo, son régimenes del miedo, hace que las personas se aíslen por la competencia indiscriminada y la presión por el rendimiento.

El miedo ha sido desde siempre una herramienta de dominio, porque a través del miedo se vuelve a las personas dóciles y fáciles de extorsionar.

Hoy tenemos miedo hasta de pensar y eso es muy grave, porque solo el pensamiento cuando se vuelve empático puede abrirnos las puertas de lo distinto. Cuando impera el miedo, las diferencias no se exponen, sólo domina el conformismo y se cierran las puertas a lo distinto. Donde hay miedo no hay libertad, porque el miedo transforma a la sociedad en una cárcel, dice el teólogo Han.

Sin un horizonte de sentido, la vida se reduce a la supervivencia. Los consumidores no tienen esperanzas, tienen deseos y cuando el consumo es todo lo que hay, el tiempo se reduce al presente perpetuo de necesidades y satisfacciones.

La esperanza habita en el futuro, tiene una estructura narrativa, el espíritu de la esperanza anima y alienta nuestros actos, aviva nuestra atención, agudiza nuestros sentidos.

El poeta Gabriel Marcel expresó: Pensando en nosotros he puesto mis esperanzas en ti. Con ello, resalta la dimensión trascendente de la esperanza en la que el yo, se convierte en nosotros.

Esperanza, fe y amor son conceptos emparentados y cada uno se consagra a los otros, quien tiene esperanza ama o cree, se entrega al otro y trasciende al inherente del yo. Quien no sea capaz de dejar de pensar únicamente en sí mismo, no podrá amar ni tener esperanza.

Deja un comentario