Por: Neftalí Coria

Abro la voz

Destapo el alba y sus jardines de niebla

Una muchacha cae madura del árbol más alto de la memoria

canta conmigo, deja manchas en mi cáscara

su nombre es alto

sus pies bajaron por el rumbo de La leonera[1]

Lenta se perdió en las tibias noches de marzo

Es una muchacha flaca como ciertos árboles,

ríe con el brío del viento     canta…

su cuerpo es una sinfonía

Amanece miiil veces sobre sus pechos,

Yo la amo,

como el loco ama la belleza del sol cuando cae pleno

sobre sus carcajadas de oro

Cuando la noche nos cubre con sus secretos aires,

la muchacha y yo nos refugiamos en las aguas del río

en el sueño del agua

Somos peces que alumbran la bravura de la primavera;

entonces la amo y comienzo a morir en su música

 

Sigo cantando   Ella se aleja    Me hundo en la noche

Doy tumbos, la busco

Canto más fuerte desde la ventana del extraño tren donde viajo

La amo igual a la noche cuando besa el silencio de los árboles

 

Ella no escucha Ella no escucha

Duermo de amor, de cansancio, ebrio…

ya no despierto nunca

la miró allá, en la profundidad de las aguas que me ahogaron

voy tras ella por todos los caminos del polvo

Loco, persigo nuestra luz perdida

canto   canto   canto   canto

 

Nunca la alcancé, iba por su cielo como un astro

Yo corrí, volé, tropezaba con mis palabras

con el viento y sus puñales

con aquella noche y sus manos duras

 

La muchacha flaca

baila en las aguas del estanque donde mis ojos miran desde entonces

El agua tiembla cuando vuelven los vientos de marzo

 

Yo la amo como quien se ríe solo, como quien llora a solas y cierra su voz, se aleeeja.

[1] La leonera: Nombre de una montaña al norte de Michoacán, montaña que fueron mis visiones del fin del mundo en mi niñez.

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