EL SANTUARIO DEL CRISTO DE ARARO

LA FOTOGRAFIA DE  ARARO, COMO FUENTE DE HISTORIA II

Leandro Espino Córdova

Cronista de Araro


EL SANTUARIO DEL CRISTO DE ARARO

 

La primera vez que aparece públicamente esta foto es en un folleto que imprime Ramón López Lara sobre Araro. En él hace mención que para mayores datos sobre Araro se consulte su obra Tres Épocas de una Parroquia, y esta obra fue publicada en 1970.

Quiere decir que el folleto fue posterior. Pero para este año, el santuario ya había sufrido mutilaciones y cambios. Precisamente lo valioso de esta foto es que lo muestra todo, completo, tal como fue en el trazo original y en la construcción antigua.

Sobre todo del lado izquierdo del lector, donde aparece la continuidad después de la torre mayor hasta la calle, actualmente Iturbide. Hoy día sólo tiene una mínima parte. En qué momento se vendió, quién lo hizo, o cómo se apropiaron de esa parte? Posiblememnte algún día se averigue.

Entonces quiere decir, que López Lara de algún modo se hizo de ella o lo que es lo  mismo, que esa foto no es posterior al año 1970 y que, aunque López Lara era un excelente fotógrafo, esta foto no es de su autoría.

Del pueblo de Araró se encuentran referencias históricas antes y después de la Colonia. Pero del Santuario de Araró es hasta el año 1761 cuando se menciona. Lo cual nos lleva a pensar que ya de tiempo atrás estaba la imagen y su templo, llamado Santuario.

De hecho, nunca se dejó de construir. Desde los albores de la evangelización, el aumento de la devoción fue marcando los ritmos de construcción. Gracias a las mentes brillantes y, diría yo, visionarias de los misioneros, el desplante del Santuario se hizo, ahora sí, pensando en algo grandioso, casi milagroso, pues realmente el tamaño del pueblo y el número de sus habitantes era preocupante.

Para 1761 el templo estaba en vías de terminarse en su construcción. Ya habían pasado más de doscientos años y aquellos esfuerzos iniciales aún no culminaban. El trabajo exigido a los indios p´urhepecha, su aportación económica, su dedicación a algo que muchas veces no les convencía o que no entendían, fue producto del miedo y del castigo.                 

El P. José Domingo Dutari, primer párroco del clero secular, recibió la Parroquia de Zinapécuaro en 1761 al retirarse los franciscanos. En lo que respecta al Santuario de Araro, siguió con la construcción. Puede decirse que lo dejó terminado en lo esencial, pues siguió con los arreglos.

Por ejemplo, el Altar Mayor fue mejorado en forma notable y de la sencillez que tenía en 1761 obtuvo un mayor esplendor años después. En 1782 comenzó el arreglo del cementerio. En 1783 se puso el entarimado del templo.

La administración del Dr. D. Juan Bautista Figueroa fue otro momento importante en la terminación del Santuario. Nadie, hasta el momento, se había atrevido a iniciar siquiera los trabajos de la torre.  En 1792 se lanzó a edificarla desde el primer cuerpo. Con el señor cura Figueroa las mejoras fueron sustanciales y casi definitivas. Hasta tiempos contemporáneos en que se hicieron cambios muy discutibles en el interior y en los anexos del Santuario.

Un largo caminar del Santuario hasta nuestros días. Muchas veces sometido a los caprichos constructivos de curas ignorantes, al descuido irracional de su mantenimiento, al saqueo de su acervo patrimonial acumulado a lo largo de los siglos. Sobreviviente de sismos como los de 1845, 1943 y 1945, que le causaron cuarteaduras de cuidado, forzando la salida del Cristo de Araró para Zinapécuaro, mientras se hacían las reparaciones necesarias.

Santuario, Cristo y Araró unidos indisolublemente en una simbiosis tal, que ninguno de los implicados puede sobrevivir sin los otros. Ojalá que, por extender una devoción discutible desde muchos puntos de vista, no se pierda de vista el cuidado fundamental que se debe tener con esa imagen, tan frágil como el material de que está hecha.

 

 

                                                                                                                                                    

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