Piénsalo tres veces
Lo que tu jefe quiere que sepas I
Francisco Javier Rauda Larios
“El trabajo hecho con gusto y con amor, siempre es una creación original y única.”
Roberto Saprisa.
En esta ocasión, amable lector, me tomé la libertad de pedir prestado el título del libro de Ram Charan que, dicho sea de paso, leí, ya hace algún tiempo, pero creo que vale la pena hablar al respecto. Claro está, debo aclarar, que le dí mi propio “sazón” al tema.
A manera de preámbulo y para dar un poco de contexto, le comparto con gusto, querido lector, que gracias a Dios, también he tenido la oportunidad de ser colaborador de varias empresas y organizaciones, desempeñando distintos, y muy diversos, cargos. Por lo que, como dicen por ahí, conozco las dos caras de la moneda.
En mi humilde opinión, hay muchas cosas que los jefes piensan y pocas que dicen con claridad. No por mala intención, sino porque asumen —erróneamente— que son evidentes. Quiero, por lo tanto, poner de manifiesto esas “verdades” silenciosas, especialmente las que tienen que ver con la proactividad, la actitud positiva, el aprendizaje continuo y la autodisciplina, cualidades que hoy marcan la diferencia entre solo cumplir y realmente destacar.
Cumplir con lo que se nos pide ya no es suficiente. Eso es el punto de partida, no la meta.
Lo que realmente valora un jefe es la proactividad: la capacidad de anticiparte, de ver lo que hace falta antes de que alguien lo pida, de proponer mejoras y soluciones.
La proactividad envía un mensaje muy poderoso:
“Puedes confiar en mi. Pienso, decido y actúo.”
Y esa confianza se traduce en más oportunidades, mayor autonomía y, tarde o temprano, crecimiento profesional.
Dos personas pueden tener el mismo conocimiento técnico y producir resultados similares, pero la que mantiene una actitud positiva siempre será la más valiosa para el equipo.
Una actitud positiva no significa negar los problemas, sino enfrentarlos con responsabilidad, apertura y disposición. Significa no contaminar el ambiente con quejas constantes, sino aportar energía, enfoque y soluciones.
Los jefes, en su gran mayoría, saben algo importante: los equipos con buena actitud rinden más, se desgastan menos y generan mejores resultados.
Otro aspecto que destaca en el interés de los jefes es, sin duda, el aprendizaje continuo.
El aprendizaje continuo ya no es un “extra”, es una expectativa básica.
Lo que tu jefe realmente quiere es que te intereses, realmente, por tu propio desarrollo.
Leer, capacitarte, actualizarte, pedir retroalimentación y aprender de los errores demuestra compromiso y madurez profesional. Las personas que aprenden por iniciativa propia se vuelven más seguras, más útiles y más difíciles de reemplazar.
El mensaje implícito es claro:
“Tu crecimiento depende más de ti que de la empresa.”
Por otro lado está la no menos importante autodisciplina.
Llegar a tiempo, cumplir acuerdos, organizar tu trabajo, sostener el esfuerzo incluso cuando nadie te está observando, eso es autodisciplina.
Y la autodisciplina genera algo muy valioso: credibilidad.
Los jefes confían más en quien no necesita ser vigilado, en quien responde con hechos y no con excusas. La autodisciplina es una forma silenciosa de liderazgo personal.
Aunado al aprendizaje continuo y la autodisciplina, no puedo, es más no debo, pasar por alto el hecho de que hay algo profundamente humano —y pocas veces mencionado— en todo esto: la satisfacción emocional de hacer bien tu trabajo.
Terminar una tarea con excelencia, saber que diste lo mejor de ti y sentir orgullo por el resultado genera bienestar, autoestima y sentido de propósito.
Ese estado interno se nota. Se refleja en tu energía, en tu comunicación y en tu presencia profesional.
Información sobre cursos, conferencias, coaching y consultoría:
[52] 443 123 69 90
